Impresionante en sus respuestas, como siempre.
Carlos González, pediatra: "Criar a un hijo exige más cariño y menos instrucciones"
Los niños no nacen con instrucciones ni falta que hace. Así lo defiende Carlos González, uno de los pediatras que más consultas recibe sobre el cuidado de los hijos, 5.000 nada menos. Su secreto reside en aplicar el sentido común y su estrategia no es otra que amar al niño por encima del agotamiento, del estrés y de la desesperación. Como padre de tres hijos sabe lo que es no dormir por la noche durante meses y lo incompatible que resulta en este país conciliar la vida laboral y la familiar. Recalca que los niños no lloran por molestar sino porque lo pasan mal y lo que quieren es estar con sus padres, sobre todo con la madre. Defensor de la la lactancia materna, no comulga con la idea de que los niños pasen muchas horas en la guardería, salvo cuando sea estrictamente necesario e invita a reflexionar sobre seguir el modelo de muchos países nórdicos de un cuidador por cada tres o cuatro niños.
¿Qué se necesita para criar a un bebé de "forma natural"?
La crianza natural engloba acciones como responder al llanto del niño, hacerle caso, procurar estar con él sin miedo a que se malcríe, etc. Y, por otra parte, aunque normalmente incluye la lactancia materna, una madre que no da el pecho también puede criar a su hijo de forma natural.
¿La crianza natural es tan importante como la lactancia natural?
Es más importante porque a lo largo del siglo XX y finales del XIX se nos ha hecho muy difícil criar a nuestros hijos. Se han difundido toda una serie de normas acerca de que no hay que cogerlo en brazos porque se malcría, como que llorar es bueno para los pulmones, como que no hay que meterlo en la cama contigo porque no saldrá en la vida... hasta el punto de que criar a los niños es casi algo molesto. Pero si no tienes a tu hijo para cogerle en brazos y contarle cuentos, para qué lo tienes.
Esa es la teoría del "malcriamiento" que critica en sus libros
Sí, las personas deben comprender que malcriar es criar mal. Malcriar no es cogerle mucho en brazos, estar mucho con él o cantarle muchas canciones. Malcriar es no hacerle caso, abandonarle....
"En Alemania sólo el 6% de los niños acuden a la guardería antes de los tres años y en Finlandia el porcentaje es menor todavía"
¿Pero usted cree que ahora se malcría a los niños, de acuerdo a la definición que acaba de exponer?
Hay de todo. Depende de la teorías que hayan seguido los padres y de las circunstancias socio económicas. Me refiero a aquello de que si no haces lo que piensas, acabarás pensando lo que haces; los padres que se ven más o menos obligados a dejar al niño muchas horas porque tienen que ir a trabajar para pagar la hipoteca acabarán pensando que eso es lo mejor para el niño porque en la guardería les estimulan mucho y les tratan muy bien. Si pensasen que en la guardería hay muchos niños y no hay tiempo material para estimularles, se sentirían mucho peor.
¿Las propias condiciones de vida en las que nos movemos en la sociedad actual invitan a la malcrianza?
Sí, el problema es que se puede formar con facilidad un círculo vicioso, es decir si sabes que lo está ocurriendo está mal, aunque no quede más remedio que hacerlo, intentarás cambiarlo. Pero si llegas a creerte que está bien, ya te quedas así. En Alemania sólo el 6% de los niños acuden a la guardería antes de los tres años y en Finlandia el porcentaje es menor todavía, y son países con un mejor rendimiento académico que el nuestro.
Pero para disfrutar de estos estándares que predominan en otros países hace falta pagar más impuestos, y que las empresas cambien de actitud.
Bueno, en esos países también han tenido que tomar decisiones, a mí me han dicho que ya tenemos brotes verdes. Habría que empezar a pensar en qué nos gastamos el dinero.
Una pareja joven trabajadora y sin familia cerca del hogar no tiene otra opción que dejar a su hijo en la guardería. ¿Está malcriando a su hijo?
No hay una sola manera de criar bien a un hijo ni hay una sola manera de criarlo mal. A mí lo que me molesta es que haya gente por un lado que tiene buenas ideas a la que engañan y le hacen creer otra cosa: "yo lo cogería en brazos, pero no lo hago porque dicen que se malcría" o "yo lo metería en la cama con nosotros cuando llora pero no lo hago porque me han dicho que tendrá problemas de sueño toda su vida". Personas que se están sacrificando haciendo cosas que en el fondo les molestan y no son naturales, que no les gustan pero lo hacen por seguir las normas que fijan otras personas. Y, por otra parte, hay quienes toman decisiones que es posible que a lo largo de un tiempo se arrepientan porque no tienen todos los datos en la ecuación para poderse decidir. Si te dicen: "trabajar los dos es imprescindible" y por otro lado, "el niño en la guardería está de maravilla". Aquí no hay problema. Pero si te explicasen que en la mayoría de los países occidentales el máximo de los bebés por cuidador en una guardería es de cuatro legalmente, en otros de tres y en España es de ocho... igual la conclusión a la que llegarían los padres sería diferente. Se trata de reflexionar sobre cuánto dinero te puedes gastar en coche, cuánto en unas vacaciones, cuánto en comprar un apartamento en la playa y cuánto en criar a tu hijo.
Es una cuestión de prioridades, entonces.
Exacto. Los padres tienen que tomar la decisión con libertad y yo lo que hago es darles toda la información necesaria para ayudarles a que la tomen. Estoy convencido de que no hacen falta libros para criar a un hijo y no quiero que los hijos tengan manual de instrucciones. Es necesario más cariño y menos instrucciones para criar a un niño. Para aprender es mejor hablar y estar con un grupo de madres con sus hijos que leerse un libro en casa.
El instinto también es importante, ¿hay que dejarse llevar por él?
Es importante y en algunas cosas sí hay que dejarse llevar y en otras no. Nuestro instinto nos dice que cuidemos a nuestros hijos y es positivo, pero también nos dice que cuando alguien nos molesta hay que pegarle un bofetón y no lo hacemos.
Y en el caso de los niños, ¿el instinto hay que seguirlo o no?
La mayoría de las veces sí porque el instinto ha ayudado durante millones de años a los padres a cuidar a sus hijos, de lo contrario no estaríamos aquí.
Entonces, guarderías ¿sí o no?
Debería ser sólo cuando no hubiera más remedio. Sería conveniente cambiar nuestro sistema socio-económico para que en la mayoría de los casos no fuera imprescindible llevar al niño a la guardería, y para aquellos casos en los que sí fuera imprescindible habría que hacer mejores guarderías.
El consuelo es que en la guardería se socializan, ¿no?
La socialización no necesita para nada guarderías porque de entrada los niños pequeños no se socializan. Es a partir de los tres años aproximadamente cuando empiezan a jugar unos con otros. Y eso lo pueden hacer en otros sitios. Muchas veces pensamos que los niños cambian porque les educamos y en algunos aspectos es así, sin duda, pero la mayoría de los cambios que experimentan los niños se deben a que crecen. A los dos años dicen unas cosas, a los cinco otras y a los doce otras.
"Malcriar a un niño no es cogerle mucho en brazos, estar mucho con él o cantarle muchas canciones. Malcriar es no hacerle caso, abandonarle?"
Abuelos. ¿sí o no?
Los abuelos son lo mejor que hay después de los padres. Es muy positivo que los abuelos participen mucho en la vida del niño. Puestos a separarse durante siete horas de la madre, seguro que para un niño de dos años es mejor estar con los abuelos que estar hasta siete horas en la guardería. Ahora, tampoco recomiendo que estén siete horas con los abuelos porque lo que el niño realmente necesita es estar con sus padres, sobre todo con la madre. Los padres enseguida aprendemos que esa pregunta de a quién quieres más a tu mamá o tu papá sobra.
Entonces, ¿dónde queda en la crianza del niño la figura del padre?
Todos los niños necesitan tener un vínculo afectivo con una persona concreta, según la teoría se le llama "figura primaria", y en la práctica se le llama mamá. Puede no ser la madre y un niño puede establecer su vínculo primario con la abuela, el padre... . Lo que es seguro es que hay solo uno primario, el resto son secundarios. El padre, si se esfuerza un poco, puede disfrutar de los primeros puestos entre los secundarios, pero se tiene que esforzar. No puedes pretender que tu hijo te quiera mucho porque es su papel de hijo. Si el padre quiere tener un papel activo tendrá que dedicarle tiempo al niño. Pero como todo en esta vida, cuantas más horas le dediques, mejor saldrá. Son necesarias las dos cosas, pasar con el niño mucho tiempo y que ese tiempo sea de calidad. Luego ya, con el tiempo, los niños van necesitando más del padre.
Se habla mucho del tiempo de calidad, "poco tiempo con los niños pero de calidad"
Los niños están enamorados de sus madres y hay que saber que una separación con la madre durante tantas horas tiene como consecuencias que el niño se enfade, que pegue un manotazo...
¿Entonces con los bebés hay que tener tolerancia total?
No, tolerancia en todas las cosas que se pueden tolerar.
¿Cuáles no se pueden tolerar?
Cada cual tiene que tomar sus decisiones, seguro que si ves a tu hijo tirando macetas por el balcón o abriendo la llave del gas se lo vas a impedir. Pero si el bebé llora y reclama atención las 24 horas del día, no es que haya que tolerarlo, es que eso es tener un bebé normal.
Y qué hay de la necesidad de tener tiempo para los padres.
No es excluyente, por qué no estar con tu hijo. Cuando te casas todos están de acuerdo en que tu vida de soltero se acabó, no sé por qué nadie te dice cuando tienes un hijo que hay que hacer una despedida de pareja en el último mes de embarazo.
¿Estas opiniones que defiende están extendidas en la comunidad científica es un poco outsider?
Me da la impresión de que empecé como outsider, pero cada vez lo soy menos.
El sueño es uno de los quebraderos de cabeza de los padres con los bebés. ¿Algún consejo?
Creo que antes los padres lo daban por sentado, ya sabían que tener un hijo significaba pasar la noche en vela y a nadie se le ocurría que ese era un problema médico que había que consultarle al pediatra. En todo caso igual le pedían al médico de adultos vitaminas para soportar esas noches. Pero, claro, se han creado unas expectativas... a los padres les han dicho por una parte que los niños tienen que dormir solos y por la noche del tirón. Mis padres, por ejemplo, no sabían eso. Yo he dormido con mis padres hasta los seis años, por tanto ellos no sabían que había que dormir solos y como no había otra habitación en la casa... Por otra parte, se ha creado un temor, se les dice a los padres que "si el niño no hace esto de esta manera va a tener problemas cuando sea mayor, no va a salir nunca de la cama de los padres..." y todos se preocupan. Pero no es cierto que los bebés tengan que dormir solos -porque se ve clarísimo que les gusta dormir en compañía- . Cómo se puede hacer más caso a lo que lees en un libro que lo que ves cada día con tus propios ojos. Es el instinto reforzado por la observación. Me escriben madres que me dicen "cuando le dejo al niño en la cuna llora y sólo se calma cuando le cojo en brazos". Ya ha encontrado la solución. Nadie se quejaría ni se sorprendería si le recomendara unas pastillas homeopáticas para que se calmara o le hiciera un masaje... entonces ¿por qué causa tanto problema aceptar que el bebé se calma con el pecho y cuando se le coge?. Siempre da la impresión de que es una desgracia, nadie dice: qué maravilla, cada vez que mi hijo se despierta me lo meto en la cama y se vuelve a dormir enseguida. Es una solución fácil, barata.
Pero requiere esfuerzo
No, no. Lo que precisa esfuerzo es lo otro. Si yo recomendara que cada vez que el niño se despierte es necesario que los padres se levanten y le den un masaje ... eso sí es esfuerzo.
¿Cuál es el sueño normal de un bebé?
No hay pautas. Si un bebé se despierta muchas veces por la noche el problema lo tienes tú que te tienes que levantar a la mañana para ir a trabajar porque luego el bebé sigue durmiendo. Todos los bebés acaban durmiendo las horas que necesitan y si no lo hacen por la noche lo harán durante el día.
¿Sus hijos le han dejado dormir bien?
Bueno, han hecho lo que han podido. Cuando tienes hijos no duermes igual, aunque eso no signifique que duermas peor. Recuerdo una época en la que me despertaba para estar de noche con mis hijos pero no lo recuerdo como un momento de desesperación. Eso es como cuando te vas de marcha por la noche, la pregunta es: ¿qué bien o qué mal lo he pasado?
El problema es que si estás una semana seguida de marcha y hay que trabajar se puede llegar a la conclusión de no querer salir de marcha.
O no querer trabajar. Está claro que no se duerme con la misma intensidad, pero tener hijos es esto, dedicarles tiempo, estar con ellos, consolarles cuando lloran, contestar a sus interminables preguntas.......
Son muchos los que dicen que los niños se guían por rutinas, ¿es así?
No creo que las rutinas sean necesarias y convenientes para el desarrollo de un niño y habría que ver si tu vida es más fácil con rutinas. Estoy convencido de que no son necesarias las rutinas porque los niños se adaptan a muchas cosas distintas, igual que los adultos. Por eso creo que si en algo tenemos que ayudar a nuestros hijos en su educación es a no tener rutinas. Yo quiero tener un hijo adaptable no un hijo que tenga rutinas.
Entrevista obtenida de: http://revista.consumer.es/web/es/20100301/entrevista/75456.php y gracias a mi amiga Jose que tiene este estupendo blog: http://www.criandoconamor.blogspot.com
Somos el resultado de nuestras vivencias y de lo que nos hemos dejado moldear por los personajes que forman parte de ellas.
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viernes, 12 de marzo de 2010
miércoles, 13 de enero de 2010
UN NUEVO MIEMBRO EN LA FAMILIA
Desde hace poco más de un mes somos uno más en la familia. Por fin mi gordito decidió salir para que le disfrutemos y le hagamos feliz.
Pero eso no es todo, con Héctor han llegado de nuevo las preguntas, las recomendaciones y las críticas a nuestro modo de hacer las cosas. Es curioso, además, cómo todo el mundo pregunta y responde lo mismo y por partida doble, porque ya lo hicieron con Paula.
¿Es bueno? Si. Me dan ganas de añadir ¿Qué niño no es bueno, y más si hablamos de recién nacidos? Sus siguientes preguntas me contestan ¿Te deja dormir? ¿No llora? Si, me deja dormir y no, no llora, en cuanto lo hace le cojo y se calma. Eso no es bueno. ¿Y quien lo dice? Para mi hijo es genial, deja de llorar y de sufrir. ¿Y cuando va a dejar Paula de tomar el pecho? O lo que es peor, se lo dicen a ella añadiendo comentarios como que ya es mayor, que hay que dejar a su hermanito, etc.
Esta vez no pienso hacer referencia a ningún artículo, estudio, etc. que justifique mi modo de actuar y de hacer las cosas con mis hijos. Que los hay a montones, es cierto, pero estoy convencida que aquel al que le interese ya investigará por su cuenta del mismo modo que lo hice yo. Voy a contar mis razones, sin "evidencias científicas" como dicen en mi casa para tomarme el pelo, de las críticas más comunes: tener todo el día en brazos a mis hijos, no dejarles llorar, colecho y lactancia (sobretodo la prolongada con Paula y ahora el tandem).
* No le dejo llorar porque le veo sufrir. ¿Cómo voy a consentir que sufran los seres que más quiero? ¿Cómo cuando calmarlos y hacerles felices me resulta tan sencillo? ¿Cómo cuando piden tan poco: comer, dormir y MAMÁ?
* Le tengo en brazos porque no hay cosa que más me guste. Sentir su calor, su cuerpecito, comérmele a besos, enamorarme cada vez más de su preciosa carita y quedarme las horas muertas mirándole. Disfrutar de sus gestos, de sus ruiditos. Sentir como sus manitas agarran mis dedos... Porque una sonrisa suya me quita todos los males y no quiero perderme ninguna.
* Duermo con ellos por lo mismo que lo anterior. Porque además sé que están bien, que si me necesitan estoy a su lado. Si tienen fiebre lo noto en sus manitas cuando me agarran. Si les despierta una pesadilla inmediatamente me notan a su lado acariciándoles y sabiendo que estoy ahí. Me encanta dormirme con el "mamá te quiero" de Paula, mientras me da un beso y me abraza o me pide que le de la mano, y despertarme viendo sus caritas relajadas.
* El pecho o "la tetita" que dice Paula. Porque es lo mejor, porque no me cuesta nada, porque es alimento, cercanía. ¡Porque quiero y son mis tetas!
Pero eso no es todo, con Héctor han llegado de nuevo las preguntas, las recomendaciones y las críticas a nuestro modo de hacer las cosas. Es curioso, además, cómo todo el mundo pregunta y responde lo mismo y por partida doble, porque ya lo hicieron con Paula.
¿Es bueno? Si. Me dan ganas de añadir ¿Qué niño no es bueno, y más si hablamos de recién nacidos? Sus siguientes preguntas me contestan ¿Te deja dormir? ¿No llora? Si, me deja dormir y no, no llora, en cuanto lo hace le cojo y se calma. Eso no es bueno. ¿Y quien lo dice? Para mi hijo es genial, deja de llorar y de sufrir. ¿Y cuando va a dejar Paula de tomar el pecho? O lo que es peor, se lo dicen a ella añadiendo comentarios como que ya es mayor, que hay que dejar a su hermanito, etc.
Esta vez no pienso hacer referencia a ningún artículo, estudio, etc. que justifique mi modo de actuar y de hacer las cosas con mis hijos. Que los hay a montones, es cierto, pero estoy convencida que aquel al que le interese ya investigará por su cuenta del mismo modo que lo hice yo. Voy a contar mis razones, sin "evidencias científicas" como dicen en mi casa para tomarme el pelo, de las críticas más comunes: tener todo el día en brazos a mis hijos, no dejarles llorar, colecho y lactancia (sobretodo la prolongada con Paula y ahora el tandem).
* No le dejo llorar porque le veo sufrir. ¿Cómo voy a consentir que sufran los seres que más quiero? ¿Cómo cuando calmarlos y hacerles felices me resulta tan sencillo? ¿Cómo cuando piden tan poco: comer, dormir y MAMÁ?
* Le tengo en brazos porque no hay cosa que más me guste. Sentir su calor, su cuerpecito, comérmele a besos, enamorarme cada vez más de su preciosa carita y quedarme las horas muertas mirándole. Disfrutar de sus gestos, de sus ruiditos. Sentir como sus manitas agarran mis dedos... Porque una sonrisa suya me quita todos los males y no quiero perderme ninguna.
* Duermo con ellos por lo mismo que lo anterior. Porque además sé que están bien, que si me necesitan estoy a su lado. Si tienen fiebre lo noto en sus manitas cuando me agarran. Si les despierta una pesadilla inmediatamente me notan a su lado acariciándoles y sabiendo que estoy ahí. Me encanta dormirme con el "mamá te quiero" de Paula, mientras me da un beso y me abraza o me pide que le de la mano, y despertarme viendo sus caritas relajadas.
* El pecho o "la tetita" que dice Paula. Porque es lo mejor, porque no me cuesta nada, porque es alimento, cercanía. ¡Porque quiero y son mis tetas!
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lunes, 30 de noviembre de 2009
CANGUROS PARA BEBÉS DE UN KILO
EL PAÍS SEMANAL del día 15 de Noviembre estuvo dedicado a los 20 años de la Convención de los Derechos del Niño, contando 20 historias de 20 países diferentes. Allí encontré este artículo.
REPORTAJE NIÑOS DEL MUNDO: SENEGAL
CANGUROS PARA BEBÉS DE UN KILO
Hay sitios en los que incluso una incubadora para salvar a los prematuros es un lujo. Como Dakar. Pero ante la adversidad, espíritu positivo. El doctor Ousmane Ndiaye aplica el método Canguro para sacar adelante a cientos de minibebés. Tan natural como eficaz.
Llega Fatou con un ratoncito sobre su pecho. Y luego Ndiye, de 23 años, con otro pequeñín, piel contra piel. Y después Aïssatou, guapísima, con un resplandeciente vestido rojo estampado con grandes flores, llevando a una criatura de diminutas manitas. Y finalmente, Nogaye, con otro minúsculo bebé entre su pecho y su colorista ropa de color azul eléctrico. Van pasando por el hospital municipal Abass Ndao y por el centro de salud Rey Balduino, ambos en Dakar, la populosa, desbaratada, pero seductora capital de Senegal.
Son todas madres con bebés prematuros. La niñita de Fatou se llama Mariétou, tiene 10 días y pesa sólo 1,100 kilos. La de Ndiye se llama Marie Gueye, tiene 15 días y pesa 1,400 kilos. Aïssatou Ndiaye tiene 24 años y tres hijos; la última, Mbéne, es una pequeñina de un mes y cuatro días y pesa 1,350 kilos. La hijita de Nogaye Gukou se llama Penda, tiene un mes y 17 días y pesa solamente 1,150 kilos; la mamá ha cumplido 17 años.
Todas han pasado por la consulta del profesor Ousmane Ndiaye, jefe del servicio de Pediatría del centro Abass Ndao, que decidió aplicar hace 11 años el método Canguro, importado de Colombia, donde comenzó a emplearse en los años setenta para sacar adelante a los bebés prematuros, ante la falta de medios e incubadoras en el país para atender a tanta mamá angustiada.
El método es muy sencillo, se basa en lo que ideó la naturaleza para los marsupiales: los recién nacidos completan su desarrollo fuera del útero, agarrados a las glándulas mamarias, protegidos del exterior en una bolsa; así, los minibebés humanos han de estar en contacto con el cuerpo de la madre o del padre, en el pecho, la zona más acogedora, las 24 horas del día y de la noche, hasta que ganen peso. Se aplica a criaturitas que nacen con menos de dos kilos; y se sigue el método Canguro hasta que alcancen los tres kilos.
El doctor explica que ese contacto permanente con un cuerpo transmite calor, seguridad, confianza al bebé; no se trata sólo de la temperatura, sino también de sentir tan íntimamente el latido del corazón y el ritmo de la respiración; tratamiento natural que se completa con la lactancia materna. "Los progenitores les dan calor, energía, afecto", explica el doctor, "y está comprobado que crecen más sanos, y psicológicamente más equilibrados... Y sin gasto alguno". "En el proyecto piloto que realizamos tras mi regreso de Colombia, de los 112 niños a los que aplicamos el método entre 1998 y 2005, sólo uno murió". Ousmane presentó el proyecto a Unicef, que ha decidido seguirlo, avalarlo y monitorizarlo desde el pasado enero. "Es pura naturaleza. Con unos resultados extraordinarios". De hecho, en países como España y Francia también se está extendiendo este sistema de incubadoras naturales. Naturaleza hasta cierto punto, porque, matiza Ousmane, "el programa incluye que la madre venga a consulta una vez a la semana; además, hacemos un seguimiento de la salud del niño hasta que cumpla cinco años".
Basta ver al rollizo Amadou, de dos años, que nació con sólo 900 gramos, para comprobar que el proyecto funciona. O al gordito Abdoul Aziz, que con cinco meses ya pesa 6,7 kilos, cuando nació con menos de dos.
Todas las madres acuden confiadas y muy arregladas a la consulta en el hospital. Conseguimos reunir a siete de ellas para las sesiones con Isabel Muñoz, que, hipnotizada con sus largos cuellos, enormes ojos, impecables vestidos, no duda en disparar miles de veces su cámara durante dos días.
Cuando le preguntamos a Nogaye, que se casó con sólo 16 años, cuántos hijos le gustaría tener, contesta sonriente: "No depende de mí. Los que Dios decida". ¿Es feliz, le falta algo? "Si encontrara un trabajo sería más feliz". ¿Su sueño? "Poder ayudar siempre a mis padres". ¿La persona a la que más admira? "Mi madre". ¿Qué mensaje enviaría desde El País Semanal a los niños del mundo? "Me gustaría que tuvieran una vida larga para que ayuden a sus padres cuando sean mayores".
Rafael Ruiz
Artículo 24 de la Convención sobre los Derechos del Niño
Niños y niñas disfrutarán del más alto nivel posible de salud y del acceso a servicios para el tratamiento de las enfermedades. Los Estados adoptarán medidas para reducir la mortalidad infantil
Para ver el original: http://www.elpais.com/articulo/portada/Canguros/bebes/kilo/elpepusoceps/20091115elpepspor_11/Tes
REPORTAJE NIÑOS DEL MUNDO: SENEGAL
CANGUROS PARA BEBÉS DE UN KILO
Hay sitios en los que incluso una incubadora para salvar a los prematuros es un lujo. Como Dakar. Pero ante la adversidad, espíritu positivo. El doctor Ousmane Ndiaye aplica el método Canguro para sacar adelante a cientos de minibebés. Tan natural como eficaz.
Llega Fatou con un ratoncito sobre su pecho. Y luego Ndiye, de 23 años, con otro pequeñín, piel contra piel. Y después Aïssatou, guapísima, con un resplandeciente vestido rojo estampado con grandes flores, llevando a una criatura de diminutas manitas. Y finalmente, Nogaye, con otro minúsculo bebé entre su pecho y su colorista ropa de color azul eléctrico. Van pasando por el hospital municipal Abass Ndao y por el centro de salud Rey Balduino, ambos en Dakar, la populosa, desbaratada, pero seductora capital de Senegal.
Son todas madres con bebés prematuros. La niñita de Fatou se llama Mariétou, tiene 10 días y pesa sólo 1,100 kilos. La de Ndiye se llama Marie Gueye, tiene 15 días y pesa 1,400 kilos. Aïssatou Ndiaye tiene 24 años y tres hijos; la última, Mbéne, es una pequeñina de un mes y cuatro días y pesa 1,350 kilos. La hijita de Nogaye Gukou se llama Penda, tiene un mes y 17 días y pesa solamente 1,150 kilos; la mamá ha cumplido 17 años.
Todas han pasado por la consulta del profesor Ousmane Ndiaye, jefe del servicio de Pediatría del centro Abass Ndao, que decidió aplicar hace 11 años el método Canguro, importado de Colombia, donde comenzó a emplearse en los años setenta para sacar adelante a los bebés prematuros, ante la falta de medios e incubadoras en el país para atender a tanta mamá angustiada.
El método es muy sencillo, se basa en lo que ideó la naturaleza para los marsupiales: los recién nacidos completan su desarrollo fuera del útero, agarrados a las glándulas mamarias, protegidos del exterior en una bolsa; así, los minibebés humanos han de estar en contacto con el cuerpo de la madre o del padre, en el pecho, la zona más acogedora, las 24 horas del día y de la noche, hasta que ganen peso. Se aplica a criaturitas que nacen con menos de dos kilos; y se sigue el método Canguro hasta que alcancen los tres kilos.
El doctor explica que ese contacto permanente con un cuerpo transmite calor, seguridad, confianza al bebé; no se trata sólo de la temperatura, sino también de sentir tan íntimamente el latido del corazón y el ritmo de la respiración; tratamiento natural que se completa con la lactancia materna. "Los progenitores les dan calor, energía, afecto", explica el doctor, "y está comprobado que crecen más sanos, y psicológicamente más equilibrados... Y sin gasto alguno". "En el proyecto piloto que realizamos tras mi regreso de Colombia, de los 112 niños a los que aplicamos el método entre 1998 y 2005, sólo uno murió". Ousmane presentó el proyecto a Unicef, que ha decidido seguirlo, avalarlo y monitorizarlo desde el pasado enero. "Es pura naturaleza. Con unos resultados extraordinarios". De hecho, en países como España y Francia también se está extendiendo este sistema de incubadoras naturales. Naturaleza hasta cierto punto, porque, matiza Ousmane, "el programa incluye que la madre venga a consulta una vez a la semana; además, hacemos un seguimiento de la salud del niño hasta que cumpla cinco años".
Basta ver al rollizo Amadou, de dos años, que nació con sólo 900 gramos, para comprobar que el proyecto funciona. O al gordito Abdoul Aziz, que con cinco meses ya pesa 6,7 kilos, cuando nació con menos de dos.
Todas las madres acuden confiadas y muy arregladas a la consulta en el hospital. Conseguimos reunir a siete de ellas para las sesiones con Isabel Muñoz, que, hipnotizada con sus largos cuellos, enormes ojos, impecables vestidos, no duda en disparar miles de veces su cámara durante dos días.
Cuando le preguntamos a Nogaye, que se casó con sólo 16 años, cuántos hijos le gustaría tener, contesta sonriente: "No depende de mí. Los que Dios decida". ¿Es feliz, le falta algo? "Si encontrara un trabajo sería más feliz". ¿Su sueño? "Poder ayudar siempre a mis padres". ¿La persona a la que más admira? "Mi madre". ¿Qué mensaje enviaría desde El País Semanal a los niños del mundo? "Me gustaría que tuvieran una vida larga para que ayuden a sus padres cuando sean mayores".
Rafael Ruiz
Artículo 24 de la Convención sobre los Derechos del Niño
Niños y niñas disfrutarán del más alto nivel posible de salud y del acceso a servicios para el tratamiento de las enfermedades. Los Estados adoptarán medidas para reducir la mortalidad infantil
Para ver el original: http://www.elpais.com/articulo/portada/Canguros/bebes/kilo/elpepusoceps/20091115elpepspor_11/Tes
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domingo, 15 de noviembre de 2009
LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
El otro día estábamos los tres comiendo en un restaurante. Al lado había dos parejas y una niña de un año, más o menos, menor que Paula. Mi hija, cuando terminó de comer, mucho antes que nosotros, se bajó de la mesa e iba de su padre a mi jugando y contándonos cosas. La otra niña estaba sentada en su trona, sin juguetes, los padres de cháchara y regañándola por cualquier cosa que hacía. Sobra decir la poca movilidad que tenía y que el regaño venía por el simple hecho de girarse a ver a Paula. Recuerdo que pensé ¿no se dan cuenta de que es una niña y que necesita moverse? ¿Piensan tenerla ahí, sin hacerle ni caso mientras dure toda su sobremesa?
Por otro lado, el padre, se encargó de jactarse bien alto, para que nos enterásemos, de lo bueno que era educando a su hija, lo recto, duro, etc. ¡¡¡Es que no veas lo borrica que se pone para vestirla, si no lo haces por la fuerza..!!! ¡¡¡Y meterla en el coche, si tiene más fuerza que yo!!! Me dieron ganas de responderle diciendo: con todo lo mal que piensas que educo a mi hija, yo no tengo esos problemas.
Hoy, colocando papeles, ha aparecido este artículo que me dio mi hermana hace tiempo. Para mi una joya que hay que leer:
LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Gustavo Martín Garzo
El País, domingo 15 de junio de 2008
En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. "Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro". Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.
Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no solo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.
Y hay adultos que tienen el maravillosos don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercarse a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino que se deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.
En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que eso es lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilaros, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas se la vida que el que no lo ha sido nunca.
En su reciente libro de memorias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre. Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".
Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Capèrucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a la que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego un aguafiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo si ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
Leyendo esto, creo que ahora se entiende mejor la viñeta que me envió, otra vez mi hermana, hace unos días:

Creo que este padre no se sienta lo suficientemente con su hijo, no le mira, no le atiende, o simplemente, pretende dirigirle demasido el juego. Creo que muchos de nosotros deberíamos aprender del padre de Faciolince y de él mismo. El problema es cómo romper con tantas costumbres aprendidas y sufridas ya que es lo que sabemos hacer. A mi entender eso lo difícil, porque soy de la opinión de que casi todos los padres amamos a nuestros hijos y hacemos lo que consideramos que es mejor para ellos.
Viñeta obtenida de El País Digital el día 13 de Noviembre de 2009.
Por otro lado, el padre, se encargó de jactarse bien alto, para que nos enterásemos, de lo bueno que era educando a su hija, lo recto, duro, etc. ¡¡¡Es que no veas lo borrica que se pone para vestirla, si no lo haces por la fuerza..!!! ¡¡¡Y meterla en el coche, si tiene más fuerza que yo!!! Me dieron ganas de responderle diciendo: con todo lo mal que piensas que educo a mi hija, yo no tengo esos problemas.
Hoy, colocando papeles, ha aparecido este artículo que me dio mi hermana hace tiempo. Para mi una joya que hay que leer:
LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Gustavo Martín Garzo
El País, domingo 15 de junio de 2008
En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. "Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro". Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.
Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no solo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.
Y hay adultos que tienen el maravillosos don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercarse a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino que se deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.
En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que eso es lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilaros, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.
Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas se la vida que el que no lo ha sido nunca.
En su reciente libro de memorias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre. Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".
Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Capèrucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a la que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego un aguafiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo si ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".
Leyendo esto, creo que ahora se entiende mejor la viñeta que me envió, otra vez mi hermana, hace unos días:

Creo que este padre no se sienta lo suficientemente con su hijo, no le mira, no le atiende, o simplemente, pretende dirigirle demasido el juego. Creo que muchos de nosotros deberíamos aprender del padre de Faciolince y de él mismo. El problema es cómo romper con tantas costumbres aprendidas y sufridas ya que es lo que sabemos hacer. A mi entender eso lo difícil, porque soy de la opinión de que casi todos los padres amamos a nuestros hijos y hacemos lo que consideramos que es mejor para ellos.
Viñeta obtenida de El País Digital el día 13 de Noviembre de 2009.
sábado, 8 de agosto de 2009
TRES AÑOS DE LACTANCIA MATERNA

Paula y "una parte de mi".
Dentro de poco mi gordita y yo cumpliremos los tres años de lactancia.
Antes de tenerla en mis brazos nunca pensé que llegaríamos a tanto. Bueno, si he de ser sincera, cuando la tuve tampoco lo pensé. E incluso ahora, embarazada, cuando pienso en el dolor de mis pezones en algunos momentos, no sé cómo lo hemos conseguido. Siempre he dicho que Paula ha mamado por cabezonería... ¿habrá salido a sus padres?
Los comienzos. Hospital Doce de Octubre.
Con el parto no os vuelvo a aburrir, ya os he contado bastante... y ya os tocará leerme más. La lactancia fue el mismo cantar. Lo primero, todo el mundo te dice que le des el pecho y tú estás convencida de que es lo mejor y que es lo que quieres hacer. Es lo natural ¿no? ¿Natural? ¿Y si es así por qué Paula no se engacha? Solución, consulta a las enfermeras. ¡¡¡Quien me mandaría!!! Los remedios, despertarle dando tobitas en los pies y cuando llore a rabiar le metes la teta en la boca. Si, si, como lo leéis, ahí le enchufas la teta, que entre hipo e hipo lo mismo traga algo. Como a malas soluciones peores remedios, a la enana le dio ictericia y se la llevaron a dar "rayitos UVA". Muy morena no salió, pero si con unos cuantos biberones que le endiñaron sin avisar y sin permiso.
Continuamos. Llegada a casa.
La enana y yo seguimos sin acoplarnos a esto de la lactancia. Ella con su hambre y yo con mi dolor de pezones (¡Ay si hubiera sabido antes lo que sé ahora!). Las mismas técnicas aprendidas en el hospital que gracias a Dios fuimos ignorando. Grietas en las que te cabe la uña entera (y por aquel entonces las llevaba largas). El enganche era un suplicio, además de que lo más suave que salía por mi boca, para descargar el dolor, eran piropos del tipo "tacos gordos" dirigidos a mi pitufina. Lo bueno es que quedaba claro que Paula comía, engordaba 500-700 gramos de media a la semana. ¿La solución a mis grietas? Estar como la Venus de Milo, todo el día con las tetas al aire. ¿Me imaginais? Desnuda de cintura para arriba, solo con las tiras del sujetador de lactancia. Vamos que me pensé mucho acercarme a "Mundo Mágico" en Atocha y comprármelo de cuero. Por lo menos estaría sexy y no ridícula. Si ya le añado el látigo... lo más (bueno, digo yo, porque nunca lo he probado).
En este tiempo pensé en dejarlo unas cuantas veces e incluso gritar del dolor diciendo que era imposible que mi lechoncito tuviera hambre. Esta última parte me la recuerda mi madre cuando digo que lo dejaremos cuando las dos implicadas estemos de acuerdo.
El pediatra o cómo joder la lactancia.
¿Qué por qué? Por sus malos consejos. Aunque tengo que decir que fueron sus incongruencias las que nos llevaron por el buen camino. A los dos meses: "Uf, esta niña engorda mucho, vaya leche que tienes. Has de darle solo 10 minutos de cada pecho y deja mínimo 3 horas entre tomas, pero nunca más de 4". Y mi pregunta: "¿pero la lactancia no tiene que ser a demanda?" "pues eso, entre 3 y 4 horas". ¡¡¡Joder con la demanda!!! Le hice caso en los 10 minutos, pero no en lo otro, y me dio por informarme más. En la siguiente visita al pediatra me comenta que ya no engorda tanto y que le tengo que meter cereales. "¿Pero la OMS no dice que hay que dar el pecho exclusivo durante los 6 primeros meses?" Y ahí vino la respuesta inteligente: "Eso lo dicen unos cuantos que odian las frutas y las verduras". ¡¡¡Menos mal que soltó eso!!! Me hizo salir escopetada a buscar información capacitada, los grupos de apoyo a la lactancia, en mi caso La Liga de La Leche. Conseguí información veraz, apoyo de otras madres y padres que han pasado por lo mismo, no sentirme un bicho raro y soluciones.
Como anécdotas os puedo contar que realmente parecía la Central Lechera Asturiana. Si no mamaba Paula, aprovechaba para sacarme leche y tener para que mi gordita comiera de lo mejor cuando tuviera que incorporarme al trabajo. Tenía dos cajones del congelador lleno de tarros. Aún así, mi gordo me llamó la única vez que salí, en la cena de navidad de la empresa, porque la pitufa tenía hambre. ¿Hambre? ¡Cómo es posible! ¡¡¡Pero si tiene reserva por si nos tenemos que esconder en un bunquer hasta que pase el Diluvio Universal!!!
A los 4 meses comenzaron los estiramientos de "pectorales". El mundo es muy interesante y Paula decidía investigarlo mientras estaba enganchada. ¡¡¡Cómo puede darse tanto de si!!! Vamos, que si llega a ser chicle, yo creo que hace hasta pompas. De ahí salió mi undécimo mandamiento: "no maltratarás la teta que te da de comer". Pero obviamente mi gordita y yo teníamos distinta opinión de lo que era ese maltrato.
Mi abuela, la abanderada de la lactancia materna, que no paraba de decirme que solo le tenía que dar el pecho, en el momento que pasé del año no para de decirme lo contrario. ¿Motivo? Que ella lo máximo que dio fue un año y claro, eso es lo bueno.
Pese a todo lo que os cuento, tengo que decir que disfruto y he disfrutado mucho con la lactancia. La cara de mi niña, mirándote con esos ojos mientras mama, o cuando te sonreía. El paso de no saber dar el pecho si no estaba desnuda de cintura para arriba, a poderlo dar casi con cualquier cosa. De darme vergüenza sacar la teta para que mi niña comiese, a sacarla en cualquier sitio porque mi niña tiene hambre, o sed, o simplemente le apetece. El preguntarle una vez que ya sabe hablar ¿te gusta la tetita? ¿a qué sabe? Y ella, entre chupada y chupada te contesta "a leche con galletas, a tortilla, a chocolate, a..." Que te mire desnuda y diga "¿puedo tocarlas?" "las tetitas, qué boniiiiiiitas". Vamos, que lo que me queda claro es que mi gordita, de saber, me diría, como Krahe: "Olé, tus tetas".
No obstante, en algunos momentos, me dan ganas de reivindicar la libertad e independencia de mis tetas y supongo que ahora, cuando tenga a los dos, más. Pero sé que esos momentos van a durar lo que tarde en ver sus caritas de felicidad mientras llenan sus estómagos y sus corazones.
A todas las mamás que siguen dando el pecho, a las que lo dieron, a las que se lo fastidiaron, a las que no quisieron, porque también tienen sus razones, a mis amig@s de Criar con el Corazón por estar siempre ahí, pese a que yo aparezca y desaparezca como el Guadiana, a todos los que nos rodean y han aprendido a respetar nuestra decisión. En fin, a todos mis gorditos y gordita, y a mi gordita más especial, mi enana, que me enseña día a día con esa sabiduría innata e inocente que tienen los niños de la vida.
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viernes, 14 de noviembre de 2008
DROGAS DURAS
Estoy empaquetando el regalo para unos amigos. Un portabebés. Lo envuelvo con la satisfacción y la culpabilidad del que sabe que está incitando al inocente a la adicción. Una adicción a una droga muy dura. El contacto con tu hijo.
Recuerdo mis inicios en una BabyBjörn que nos dieron unos amigos de mi hermana. ¡¡¡Qué gozada llevar a mi gordita así!!! Pero había algo que fallaba. Ella no llegaba a estar del todo cómoda y yo tampoco.
Unos amigos cometieron el error de preguntar qué queríamos y me acordé de nuestro viaje en tren de Colonia a Amsterdam (hace bastantes años... ¡¡¡más de un lustro!!!), y de una pareja que llevaba a su hijo en "un trapo".
¡¡Eso era otra cosa!!! Del traje de Zara, pasé a uno de Channel. Cómo sería que una de las primeras sonrisas de mi hija la vi mientras me colocaba el foulard. Estaba llorando, en la hamaca, mientras yo hacía cosas en casa. Cogí mi regalo y empecé a hacer el nudo. Ella me miró y sonrió. Desde ese instante supe que ese es su sitio. Ella pegadita a mi, y yo pegadita a ella.
Ya no hablo de si es más cómodo o no que el carrito, ni de sus beneficios o ventajas. No estoy para eso en este momento. Hablo del estado de felicidad y plenitud constante que tienes con tu bebé feliz y cerquita de ti. Sentir que tú eres su casa, su refugio, su fuerza. y notar cómo es él el que te alimenta y tu motor del día a día.
Imaginad cómo os sentís cuando vuestra pareja, esa persona a la que quereis tanto,os pone la mano encima, os acaricia. ¿No os da calor? ¿No sentís amor? Pues mucho mayor es el calor y amor que os da esa criaturita inocente, esa personita que ha pasado, de la noche al día, a ser la persona más importante en vuestra vida. Ese amor, ese contacto, es una droga dura a la que no querreis renunciar.
Como diría Carlos Goñi:
[...]
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor corriendo por mis venas.
Nada mejor que el roce de tu piel.
[...]


Ya que he sacado unos versos de contexto... aprovecho para colgar la canción y dedicársela a mi gordito. Mi chico, con el que comparto, entre otras muchas cosas, el placer de portear a nuestra hija:
"El roce de tu piel"
Un vaso de whisky, un hotel diferente,
es más que suficiente para pensar en ti.
Una noche de mayo, con el mar a mi lado,
es ya tarde y tus ojos siguen allí.
Y es que son ideales para perderse en ellos,
y es que uno no aprende ni vivo ni muerto;
son las seis de la tarde,
toco enfrente del puerto,
y no consigo sacarte de mí ni olvidarme de ti.
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor corriendo por mis venas.
Nada mejor que el roce de tu piel.
Y me siento desnudo enfrente del espejo
esperando que tú me digas el precio.
No tengo muy claro si lo puedo pagar,
Recojo mis cosas, nena, vuelvo a mi hogar.
Nuestros corazones laten a la vez.
¿Quién soy yo sin ti?
¿Quién eres tu, quién?
El ritmo de la noche viste mi cancion.
Mejor cojo mis cosas, nena, mejor me voy.
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor corriendo por mis venas.
Nada mejor que el roce de tu piel.
Hoy lucho y pierdo el sentido
por dormir esta noche en tus brazos.
Hoy se perdio el equilibrio
y la balanza cayó de tu lado, mi amor. (BIS)
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Recuerdo mis inicios en una BabyBjörn que nos dieron unos amigos de mi hermana. ¡¡¡Qué gozada llevar a mi gordita así!!! Pero había algo que fallaba. Ella no llegaba a estar del todo cómoda y yo tampoco.
Unos amigos cometieron el error de preguntar qué queríamos y me acordé de nuestro viaje en tren de Colonia a Amsterdam (hace bastantes años... ¡¡¡más de un lustro!!!), y de una pareja que llevaba a su hijo en "un trapo".
¡¡Eso era otra cosa!!! Del traje de Zara, pasé a uno de Channel. Cómo sería que una de las primeras sonrisas de mi hija la vi mientras me colocaba el foulard. Estaba llorando, en la hamaca, mientras yo hacía cosas en casa. Cogí mi regalo y empecé a hacer el nudo. Ella me miró y sonrió. Desde ese instante supe que ese es su sitio. Ella pegadita a mi, y yo pegadita a ella.
Ya no hablo de si es más cómodo o no que el carrito, ni de sus beneficios o ventajas. No estoy para eso en este momento. Hablo del estado de felicidad y plenitud constante que tienes con tu bebé feliz y cerquita de ti. Sentir que tú eres su casa, su refugio, su fuerza. y notar cómo es él el que te alimenta y tu motor del día a día.
Imaginad cómo os sentís cuando vuestra pareja, esa persona a la que quereis tanto,os pone la mano encima, os acaricia. ¿No os da calor? ¿No sentís amor? Pues mucho mayor es el calor y amor que os da esa criaturita inocente, esa personita que ha pasado, de la noche al día, a ser la persona más importante en vuestra vida. Ese amor, ese contacto, es una droga dura a la que no querreis renunciar.
Como diría Carlos Goñi:
[...]
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor corriendo por mis venas.
Nada mejor que el roce de tu piel.
[...]


Ya que he sacado unos versos de contexto... aprovecho para colgar la canción y dedicársela a mi gordito. Mi chico, con el que comparto, entre otras muchas cosas, el placer de portear a nuestra hija:
"El roce de tu piel"
Un vaso de whisky, un hotel diferente,
es más que suficiente para pensar en ti.
Una noche de mayo, con el mar a mi lado,
es ya tarde y tus ojos siguen allí.
Y es que son ideales para perderse en ellos,
y es que uno no aprende ni vivo ni muerto;
son las seis de la tarde,
toco enfrente del puerto,
y no consigo sacarte de mí ni olvidarme de ti.
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor corriendo por mis venas.
Nada mejor que el roce de tu piel.
Y me siento desnudo enfrente del espejo
esperando que tú me digas el precio.
No tengo muy claro si lo puedo pagar,
Recojo mis cosas, nena, vuelvo a mi hogar.
Nuestros corazones laten a la vez.
¿Quién soy yo sin ti?
¿Quién eres tu, quién?
El ritmo de la noche viste mi cancion.
Mejor cojo mis cosas, nena, mejor me voy.
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
Y es que no hay nada mejor
que tener tu sabor corriendo por mis venas.
Nada mejor que el roce de tu piel.
Hoy lucho y pierdo el sentido
por dormir esta noche en tus brazos.
Hoy se perdio el equilibrio
y la balanza cayó de tu lado, mi amor. (BIS)
Y es que no hay droga más dura
que el amor sin medida.
Es que no hay droga más dura que el roce de tu piel.
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sábado, 14 de junio de 2008
ESOS LOCOS BAJITOS
A vueltas con Serrat.
Ya dije en mi primera entrada que me encanta Serrat. creo que hay situaciones de la vida que las describe como nadie. Este es el caso de la siguiente canción:
"Esos Locos Bajitos"
A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.
Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dic,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos transmitiendo nuestras frustaciones
con la leche templada
y en cada canción.
Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.
No sé si lo conseguiré, pero espero y quiero educar a mi hija para "SER". Para ser ella misma, para que persiga sus propios sueños y defienda sus propias ideas. Espero que no me importe su porvenir, solo su felicidad. Si ella es feliz es porque todo está bien. Que sufra solo por aquellas cosas de las que no soy responsable y que ,efectivamente, tome sus propias decisiones. Se equivoque o no, porque quiero que mi hija sea dueña de su vida y pueda decir que su madre estuvo allí, apoyándola en todo, estuviera de acuerdo o no. Sé que es dificil, que en muchos casos tendré que recorrer lo andado y reconocer que me equivoqué. Pero ese es mi sueño y lucharé para conseguirlo. Sé que mi mejor maestra y la que me indicará el camino es ella... espero no estar ciega y sorda y ver claramente sus señales.
Ya dije en mi primera entrada que me encanta Serrat. creo que hay situaciones de la vida que las describe como nadie. Este es el caso de la siguiente canción:
"Esos Locos Bajitos"
A menudo los hijos se nos parecen,
así nos dan la primera satisfacción;
esos que se menean con nuestros gestos,
echando mano a cuanto hay a su alrededor.
Esos locos bajitos que se incorporan
con los ojos abiertos de par en par,
sin respeto al horario ni a las costumbres
y a los que, por su bien, hay que domesticar.
Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dic,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Cargan con nuestros dioses y nuestro idioma,
nuestros rencores y nuestro porvenir.
Por eso nos parece que son de goma
y que les bastan nuestros cuentos
para dormir.
Nos empeñamos en dirigir sus vidas
sin saber el oficio y sin vocación.
Les vamos transmitiendo nuestras frustaciones
con la leche templada
y en cada canción.
Niño,
deja ya de joder con la pelota.
Niño, que eso no se dice,
que eso no se hace,
que eso no se toca.
Nada ni nadie puede impedir que sufran,
que las agujas avancen en el reloj,
que decidan por ellos, que se equivoquen,
que crezcan y que un día
nos digan adiós.
No sé si lo conseguiré, pero espero y quiero educar a mi hija para "SER". Para ser ella misma, para que persiga sus propios sueños y defienda sus propias ideas. Espero que no me importe su porvenir, solo su felicidad. Si ella es feliz es porque todo está bien. Que sufra solo por aquellas cosas de las que no soy responsable y que ,efectivamente, tome sus propias decisiones. Se equivoque o no, porque quiero que mi hija sea dueña de su vida y pueda decir que su madre estuvo allí, apoyándola en todo, estuviera de acuerdo o no. Sé que es dificil, que en muchos casos tendré que recorrer lo andado y reconocer que me equivoqué. Pero ese es mi sueño y lucharé para conseguirlo. Sé que mi mejor maestra y la que me indicará el camino es ella... espero no estar ciega y sorda y ver claramente sus señales.
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martes, 6 de mayo de 2008
CON GANAS DE BRONCA
¿Nunca habeis tenido un mal día? ¿Os habeis levantado con el pie izquierdo y teníais ganas de bronca por todo? Bueno, pues eso es lo que le ha debido de pasar a mi gordita esta tarde. La he recogido en la guarde y me han dicho que fenomenal, eso significa que se ha pasado el día cantando, como es su costumbre. Hemos llegado a casa, le he dado "tita" y comenzó el calvario.
Que quiere "tele" (su padre la ha viciado). Le pongo el famoso "Cantajuegos 3" y quiere oir "caita" (La casita). No han dado tres acordes y quiere oir "pepe". Lo cambio. Tres acordes y quiere oir "caita". Luego que quiere ver "yoo" (Pocoyo). A final, tanto cambiar, el DVD ha dicho que se ha cansado de currar.
Nos vamos a su cuarto, ponemos música, pero nada le gusta.
Salimos a la calle. Vamos al parque en el triciclo y allí de un columpio a otro. Si le intentaba ayudar me decía llorando "¡¡¡No, muy mal!!!" (lo ha aprendido en la guardería y se pasa todo el día con esa frase en la boca. A ellos les hace mucha gracia... a mi ninguna).
La pobre ha estado llorando todo la tarde. Creo que tenía uno de esos momentos en los que "no te aguantas ni a ti misma". El problema es que yo también estaba cansada y a punto de volverme una madre insoportable y gritona. Hasta he tenido un intento fallido de llevármela a la fuerza.
En estos casos suele venir bien que esté tu pareja cerca, porque se reparte la carga. Pero no era mi caso, su padre estaba trabajando y "haciendo horitas porque el trabajo no sale" (oposite a funcionario para trabajar más ¿alguien lo entiende?).
Total, que rebuscando he encontrado esta tira de Mafalda y creo que nos viene al pelo:
Tengo que decir que al final se ha solucionado. La he dejado llorar y la he brindado mi apoyo si lo quería. Más tarde nos hemos ido a casita y hemos curado "el berrinche" con un poco de chocolate. ¡¡¡No hay nada que un buen dulce no cure!!!
Que quiere "tele" (su padre la ha viciado). Le pongo el famoso "Cantajuegos 3" y quiere oir "caita" (La casita). No han dado tres acordes y quiere oir "pepe". Lo cambio. Tres acordes y quiere oir "caita". Luego que quiere ver "yoo" (Pocoyo). A final, tanto cambiar, el DVD ha dicho que se ha cansado de currar.
Nos vamos a su cuarto, ponemos música, pero nada le gusta.
Salimos a la calle. Vamos al parque en el triciclo y allí de un columpio a otro. Si le intentaba ayudar me decía llorando "¡¡¡No, muy mal!!!" (lo ha aprendido en la guardería y se pasa todo el día con esa frase en la boca. A ellos les hace mucha gracia... a mi ninguna).
La pobre ha estado llorando todo la tarde. Creo que tenía uno de esos momentos en los que "no te aguantas ni a ti misma". El problema es que yo también estaba cansada y a punto de volverme una madre insoportable y gritona. Hasta he tenido un intento fallido de llevármela a la fuerza.
En estos casos suele venir bien que esté tu pareja cerca, porque se reparte la carga. Pero no era mi caso, su padre estaba trabajando y "haciendo horitas porque el trabajo no sale" (oposite a funcionario para trabajar más ¿alguien lo entiende?).
Total, que rebuscando he encontrado esta tira de Mafalda y creo que nos viene al pelo:
Tengo que decir que al final se ha solucionado. La he dejado llorar y la he brindado mi apoyo si lo quería. Más tarde nos hemos ido a casita y hemos curado "el berrinche" con un poco de chocolate. ¡¡¡No hay nada que un buen dulce no cure!!!
domingo, 4 de mayo de 2008
MI GORDITA-BRUJITA
Los duendes de mi casa me han querido dar una sorpresa. Sabían que me hacía mucha ilusión recibir el regalo de mi gordita hoy... y lo han mantenido escondido durante todo el fin de semana. El viernes mi madre rebuscó en la mochila de mi hija y no encontró nada. El sábado mi marido revolvió toda la mochila para sacar la ropa sucia, y tampoco lo descubrió. Y he sido yo, esta mañana, la que ha encontrado su regalo, perfectamente mimetizado con uno de los laterales de su bolsa.
Es el marco de fotos más bonito y colorido de toda la casa.

El nacimiento de mi gordita ha sido una revolución mental. Fue sentirla salir de mis entrañas y cambiar mi forma de ver el mundo. La verdad es que muchas veces no se entiende, cómo unos seres tan pequeñitos son capaces de enseñarte tanto y de darte auténticas lecciones de humanidad. Podría decir que mi hija me ha hecho sentir que había otra forma de educar distinta al griterío, las amenazas, el cachete y el dejar llorar. La que me hizo interesarme en otras formas de educar, y de criar basadas en el apego. La que hizo que diera con un grupo de personas fantástico, dispuesto a luchar contra el mundo y a demostrar que su forma de entender la educación, lejos de dar como resultado niños consentidos y malcriados, da niños seguros de si mismos y respetuosos con los demás. Fue mi gordita la que me hizo entender que no hay nada más importante que su risa, y que eso requiere mi tiempo y dedicación.
¡¡¡Por un mundo lleno de sonrisas!!!

Viñetas obtenidas de bebesymás.com (día 29 de Abril) y de El País Digital (día 4 de Mayo) respectivamente.
Es el marco de fotos más bonito y colorido de toda la casa.

El nacimiento de mi gordita ha sido una revolución mental. Fue sentirla salir de mis entrañas y cambiar mi forma de ver el mundo. La verdad es que muchas veces no se entiende, cómo unos seres tan pequeñitos son capaces de enseñarte tanto y de darte auténticas lecciones de humanidad. Podría decir que mi hija me ha hecho sentir que había otra forma de educar distinta al griterío, las amenazas, el cachete y el dejar llorar. La que me hizo interesarme en otras formas de educar, y de criar basadas en el apego. La que hizo que diera con un grupo de personas fantástico, dispuesto a luchar contra el mundo y a demostrar que su forma de entender la educación, lejos de dar como resultado niños consentidos y malcriados, da niños seguros de si mismos y respetuosos con los demás. Fue mi gordita la que me hizo entender que no hay nada más importante que su risa, y que eso requiere mi tiempo y dedicación.
¡¡¡Por un mundo lleno de sonrisas!!!

Viñetas obtenidas de bebesymás.com (día 29 de Abril) y de El País Digital (día 4 de Mayo) respectivamente.
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