miércoles, 25 de noviembre de 2009

HISTORIAS DE PARTOS


Se acerca el día. La verdad es que viendo mis dimensiones todos pensábamos que el pequeñajo se dejaría ver antes, pero se está haciendo de rogar.

No sé si a vosotros os pasa lo mismo, pero a mi, en cuanto me quedo embarazada, no paro de ver a gorditas. Si busco carro, no paro de ver padres con carritos de bebés. Vamos, que cuando me pusieron las gafas en el cole y jugábamos al baloncesto, todas los balones desviados iban al mismo sitio.

Ahora lo que me pasa es que me cuentan historias de partos, por cierto, bastante curiosas.

El otro día una amiga me comentaba que su prima parió en el cuarto de baño. La cosa fué más o menos así: "Cariño, tengo molestias, no son dolores, pero no sé por qué me da que estoy de parto. Anda, llama a tu padre que venga a quedarse con la niña, mientras voy al baño". En esto que en el baño le da un dolor muy fuerte y cuando se quiere dar cuenta tiene al niño fuera. "¡Menos mal que lo noté que sino se cae al suelo!". Total, el marido histérico, recogiendo, limpiando y vomitando a la vez. Llamada a urgencias que les dicen que no corten el cordón pero que lo aten. El padre que coge a la madre y al bebé y les lleva a la cama. Llegada de ambulancia que les acerca al hospital. Mismo ginecólogo que en el anterior parto. Cosa rara, reconoce a la parturienta y le pregunta "¿pero es que tú no puedes tener un parto normal?" (en el anterior la "niña" iba a a ser niño hasta que nació, por lo que la madre, al ponérsela encima, dijo algo así como que no era suya ¡si esperaba un bebote!). En la revisión comprueban que la madre y el niño están estupendos. Ella sin episotomía y el bebé ¿cómo va a estar si se ha mantenido todo el rato en los brazos de su madre?. Al darles el alta al día siguiente le ofrecen a la madre un psicólogo para superar la situación y ésta responde: "¿Para mi?" y, señalando al padre, "para él que es el traumatizado". El pobre padre solo hacía que pensar que tenía que cambiar el colchón nuevo, porque ya se había estropeado, y que también tenía que cambiar el suelo del cuarto de baño, porque tiene una mancha imborrable de sangre. Yo tengo que reconocer que, según me lo contaban, estaba pensando ¿cambiar el suelo? ¿quitarlo? ¡¡¡Yo pondría un graffiti indicando "Aquí nació mi hijo"!!!.

Comentándolo con otra amiga, me contó el caso de su hermana. Resulta que un día le dió por las naranjas. Vamos, que para que no saliera con la famosa mancha de antojo la chiquitina, se comió ella solita un kilo. Esa noche como comprenderéis la tripa no le dejaba en paz. Ella no hacía más que ir al baño, aunque el caso es que no salía nada. Bueno, nada, nada... cuando se quiso dar cuenta tenía la cabeza de su hija entre las piernas. Según ella, si se descuida cae a la taza. El marido llamando al vecino y entre los dos la llevan al hospital. A todo esto ella reteniendo a la peque entre las piernas. Llegan al Doce de Octubre, y cunado el padre quiere volver del coche con las cosas la peque ya ha nacido. Y eso, que como dice él, aparca en la puerta debido a su invalidez, que tiene que andar con muletas.

Hoy ponemos la radio en el coche y están terminando de relatar un nacimiento en un tren de la India. Por lo que oímos el peque ha nacido en un water del tren y se ha caído a la vía. La madre se desmayó tras el alumbramiento durante unos minutos y cuando se recupera consigue avisar a su familia. Paran el tren y varios hombres se lanzan en su búsqueda. Gracias a Dios, Buda o quien sea, el bebé, pese al golpetazo, el tiempo hasta que le recojen, etc, está sano y salvo. Ahora permanece ingresada (fue una niña) debido a su nacimiento prematuro, pero no a las condiciones sépticas de su nacimiento.

Y para terminar el relato de otra amiga que con muy buen humor y sensibilidad comenta el parto de su segunda hija. Cómo te surgen las dudas de saber si estás o no de parto, ya que las contracciones no son ni tan dolorosas, ni tan rítmicas como te han contado. Cuando, al comenzar a estar segura, ya todo se ha acelerado. No hay tiempo. Hay que dejar a la peque mayor en el cole, mientras viene el cuñado para hacerlo, se dedica a hacer las cosas de la casa y a preparar a su hija. Entonces se pregunta ¿podría hacer todo esto si de verdad estoy de parto? Por fin salen hacia la clínica y se encuentran con un atasco impresionante que no les permite avanzar nada. Da igual que hagas sonar el claxon, que saques los famosos pañuelos blancos por la ventana.. los coches no se mueven. Ya se plantea pasar al asiento trasero para poder dar a luz, porque no aguanta más. Por fin un coche de la policía se pone a su lado y les dice que le sigan. Con una carrera digna de película, se plantan en diez minutos en la clínica. Al llegar allí, comenta que está en expulsivo, y la chica de la recepción sale corriendo a por una silla de ruedas. Cuando la encuentra se gira y ve que mi amiga le ha estado siguiendo por todo el hospital. Esa misma chica le comenta que como llega tan mal que le atienda el primero de los ginecólogos que vean. "Si hombre, he dejado pasar 4 hospitales, y ahora a 50 metros de mi ginecólogo, me van a llevar a otro que lo primero que va a hacer es ponerme en un potro". Total, que va gritando por los pasillos el nombre de su gine, para que quede claro y para encontrarle antes. Por fin entra en la sala, en penumbra, sin casi instrumental y en la que le dan a elegir cómo quiere parir. Le ha costado, pero tiene su parto natural. Un parto respetado y que no le importaría repetir. Lo podéis leer por ella, mejor contado y de primera mano, en http://www.criarconelcorazon.org/ la pestaña "vivencias" (abajo), y el post de "Flavia". Merece la pena hacerlo.

Vamos, con todo esto y lo hipocondríaca que es una en ocasiones, de verdad que cuando voy al baño ya lo hago bastante mosca... ¿Serán gases? ¿Retortijones? ¿O estaré pariendo? Y aunque suene escatológico, no sé si acolchar la taza para amortiguar el golpe o ponerme la mano delante por si noto la cabeza de mi hijo salir corriendo hacia un lugar más cómodo. Aunque con el tamaño que me han dicho que tiene, no creo que me pase como a la mujer del tren.

Sé que todos estos son partos "anormales", en el sentido de que no son los que estamos acostumbrados a escuchar, pero sinceramente, son el parto que me gustaría tener. Partos naturales, expontáneos, y no esos medicalizados a los que nos someten ahora. Esos en los que parece que el cuerpo de la mujer no está preparado para engendrar y parir un hijo. No olvidemos que somos animales y que tenemos instinto... aunque intenten anulárnoslo.

domingo, 15 de noviembre de 2009

LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS

El otro día estábamos los tres comiendo en un restaurante. Al lado había dos parejas y una niña de un año, más o menos, menor que Paula. Mi hija, cuando terminó de comer, mucho antes que nosotros, se bajó de la mesa e iba de su padre a mi jugando y contándonos cosas. La otra niña estaba sentada en su trona, sin juguetes, los padres de cháchara y regañándola por cualquier cosa que hacía. Sobra decir la poca movilidad que tenía y que el regaño venía por el simple hecho de girarse a ver a Paula. Recuerdo que pensé ¿no se dan cuenta de que es una niña y que necesita moverse? ¿Piensan tenerla ahí, sin hacerle ni caso mientras dure toda su sobremesa?

Por otro lado, el padre, se encargó de jactarse bien alto, para que nos enterásemos, de lo bueno que era educando a su hija, lo recto, duro, etc. ¡¡¡Es que no veas lo borrica que se pone para vestirla, si no lo haces por la fuerza..!!! ¡¡¡Y meterla en el coche, si tiene más fuerza que yo!!! Me dieron ganas de responderle diciendo: con todo lo mal que piensas que educo a mi hija, yo no tengo esos problemas.

Hoy, colocando papeles, ha aparecido este artículo que me dio mi hermana hace tiempo. Para mi una joya que hay que leer:

LA EDUCACIÓN DE LOS NIÑOS
Gustavo Martín Garzo
El País, domingo 15 de junio de 2008

En una ocasión, Fabricio Caivano, el fundador de Cuadernos de Pedagogía, le preguntó a Gabriel García Márquez acerca de la educación de los niños. "Lo único importante, le contestó el autor de Cien años de soledad, es encontrar el juguete que llevan dentro". Cada niño llevaría uno distinto y todo consistiría en descubrir cuál era y ponerse a jugar con él. García Márquez había sido un estudiante bastante desastroso hasta que un maestro se dio cuenta de su amor por la lectura y, a partir de entonces, todo fue miel sobre hojuelas, pues ese juguete eran las palabras. Es una idea que vincula la educación con el juego. Según ella, educar consistiría en encontrar el tipo de juego que debemos jugar con cada niño, ese juego en que está implicado su propio ser.

Pero hablar de juego es hablar de disfrute, y una idea así reivindica la felicidad y el amor como base de la educación. Un niño feliz no solo es más alegre y tranquilo, sino que es más susceptible de ser educado, porque la felicidad le hace creer que el mundo no es un lugar sombrío, hecho sólo para su mal, sino un lugar en el que merece la pena estar, por extraño que pueda parecer muchas veces. Y no creo que haya una manera mejor de educar a un niño que hacer que se sienta querido. Y el amor es básicamente tratar de ponerse en su lugar. Querer saber lo que los niños son. No es una tarea sencilla, al menos para muchos adultos. Por eso prefiero a los padres consentidores que a los que se empeñan en decirles en todo momento a sus hijos lo que deben hacer, o a los que no se preocupan para nada de ellos. Consentir significa mimar, ser indulgente, pero también otorgar, obligarse. Querer para el que amamos el bien. Tiene sus peligros, pero creo que éstos son menos letales que los peligros del rigor o de la indiferencia.

Y hay adultos que tienen el maravillosos don de saber ponerse en el lugar de los niños. Ese don es un regalo del amor. Basta con amar a alguien para desear conocerle y querer acercarse a su mundo. Y la habilidad en tratar a los niños sólo puede provenir de haber visitado el lugar en que éstos suelen vivir. Ese lugar no se parece al nuestro, y por eso tantos adultos se equivocan al pedir a los pequeños cosas que no están en condiciones de hacer. ¿Pediríamos a un pájaro que dejara de volar, a un monito que no se subiera a los árboles, a una abeja que no se fuera en busca de las flores? No, no se lo pediríamos, porque no está en su naturaleza el obedecernos. Y los niños están locos, como lo están todos los que viven al comienzo de algo. Una vida tocada por la locura es una vida abierta a nuevos principios, y por eso debe ser vigilada y querida. Y hay adultos que no sólo entienden esa locura de los niños, sino que se deleitan con ella. San Agustín distinguía entre usar y disfrutar. Usábamos de las cosas del mundo, disfrutábamos de nuestro diálogo con la divinidad. Educar es distinto a adiestrar. Educar es dar vida, comprender que el dios del santo se esconde en la realidad, sobre todo en los niños.

En El guardián entre el centeno, el muchacho protagonista se imagina un campo donde juegan los niños y dice que eso es lo que le gustaría ser, alguien que escondido entre el centeno los vigila en sus juegos. El campo está al lado de un abismo, y su tarea es evitar que los niños puedan acercarse más de la cuenta y caerse. "En cuanto empiezan a correr sin mirar adónde van, yo salgo de donde esté y los cojo. Es lo que me gustaría hacer todo el tiempo. Vigilarlos". El protagonista de la novela de Salinger no les dice que se alejen de allí, no se opone a que jueguen en el centeno. Entiende que ésa es su naturaleza, y sólo se ocupa de vigilaros, y acudir cuando se exponen más de lo tolerable al peligro. Vigilar no se opone a consentir, sólo consiste en corregir un poco nuestra locura.

Creo que los padres que de verdad aman a sus hijos, que están contentos con que hayan nacido, y que disfrutan con su compañía, lo tienen casi todo hecho. Sólo tienen que ser un poco precavidos, y combatir los excesos de su amor. No es difícil, pues los efectos de esos excesos son mucho menos graves que los de la indiferencia o el desprecio. El niño amado siempre tendrá más recursos para enfrentarse a los problemas se la vida que el que no lo ha sido nunca.

En su reciente libro de memorias, Esther Tusquets nos cuenta que el problema de su vida fue no sentirse suficientemente amada por su madre. Ella piensa que el niño que se siente querido de pequeño puede con todo. "Yo no me sentí querida y me he pasado toda la vida mendigando amor. Una pesadez". Pero la mejor defensa de esta educación del amor que he leído en estos últimos tiempos se encuentra en el libro del colombiano Héctor Abad Faciolince, El olvido que seremos. Es un libro sobre el misterio de la bondad, en el que puede leerse una frase que debería aparecer en la puerta de todas las escuelas: "El mejor método de educación es la felicidad". "Mi papá siempre pensó -escribe Faciolince-, y yo le creo y lo imito, que mimar a los hijos es el mejor sistema educativo". Y unas líneas más abajo añade: "Ahora pienso que la única receta para poder soportar lo dura que es la vida al cabo de los años, es haber recibido en la infancia mucho amor de los padres. Sin ese amor exagerado que me dio mi papá, yo hubiera sido mucho menos feliz".

Los hermanos Grimm son especialistas en buenos comienzos, y el de Capèrucita Roja es uno de los más hermosos de todos. "Érase una vez una pequeña y dulce muchachita que en cuanto se la veía se la amaba. Pero sobre todo la quería su abuela, que no sabía qué darle a la niña. Un buen día le regaló una caperucita de terciopelo rojo, y como le sentaba muy bien y no quería llevar otra cosa, la llamaron Caperucita Roja". Una niña a la que todos miman, y a la que su abuela, que la ama sin medida, regala una caperuza de terciopelo rojo. Una caperuza que le sentaba tan bien que no quería llevar otra cosa. Siempre que veo en revistas o reportajes los rostros de tantos niños abandonados o maltratados, me acuerdo de este cuento y me digo que todos los niños del mundo deberían llevar una caperuza así, aunque luego un aguafiestas pudiera acusar a sus padres de mimarles en exceso. Esa caperuza es la prueba de su felicidad, de que son queridos con locura por alguien, y lo verdaderamente peligroso es que vayan por el mundo si ella. "Si quieres que tu hijo sea bueno -escribió Héctor Abad Gómez, el padre tan amado de Faciolince-, hazlo feliz, si quieres que sea mejor, hazlo más feliz. Los hacemos felices para que sean buenos y para que luego su bondad aumente su felicidad".


Leyendo esto, creo que ahora se entiende mejor la viñeta que me envió, otra vez mi hermana, hace unos días:


Creo que este padre no se sienta lo suficientemente con su hijo, no le mira, no le atiende, o simplemente, pretende dirigirle demasido el juego. Creo que muchos de nosotros deberíamos aprender del padre de Faciolince y de él mismo. El problema es cómo romper con tantas costumbres aprendidas y sufridas ya que es lo que sabemos hacer. A mi entender eso lo difícil, porque soy de la opinión de que casi todos los padres amamos a nuestros hijos y hacemos lo que consideramos que es mejor para ellos.

Viñeta obtenida de El País Digital el día 13 de Noviembre de 2009.

sábado, 17 de octubre de 2009

COMEDIAS ROMÁNTICAS: ¿COMO LA VIDA MISMA?

¿Quien no ha visto alguna vez una comedia romántica? Para mi son como los cómics de Asterix, los disfrutas a todas las edades y en cada una de ellas le sacas un juguillo diferente.

Cuando eres novi@. Te encantan. Te ríes y te sientes identificado con los protagonistas. Es la etapa del amor, todo es perfecto, no hay fallos en el otro y tú estás en las nubes. Te arreglas, pero no haría falta, llevas un brillo especial en la cara. Además, has adelgazado... ¿por qué será que todos los novi@s adelgazan?
http://www.blogger.com/posts.g?blogID=6257045180475204210
En la convivencia. Ya la cosa no te hace tanta gracia. No es lo mismo compartir unas horas que el día tras día. Ya ves los defectos en tu casa y piensas al ver la peli .. ¡coño, eso no me pasa a mi! Pero claro, te consuelas, es que aquí solo hablan de la primera fase, en la búsqueda del príncipe azul a la princesa. Pouuqe seamos sinceras, siempre hemos querido que nos encuentren, que aparezcan en un caballo blanco y nos lleven trotando a vivir "felices para siempre". La literatura infantil, que hace mucho daño.

Ya casados, con hijos. Ves la película, a los protagonistas y te preguntas ¿alguna vez tuvimos algo que ver con estos? Le miras a él. La época de adelgazar terminó. Ahora sale la incipiente barriga, sino ha dejado de ser ya tan incipiente y empieza a tomar forma de globo aerostático. La adorable cabellera comienza a desaparecer (esto es más evidente si en la adolescencia y juventud pasó por su momento hippie o heavy y lució una considerable melena). Y repantingado, en calzoncillos y calcetines en el sofá, reconozcámoslo, no es como tener a Gerard Butler trajeadito en tu salón y pidiéndote en matrimonio (aunque pensándolo bien, con el vestuario de 300 tampoco quedaría nada mal en mi salón).

¿Y nosotras? Por lo menos hablo por mí. La miras, te miras y dices... ¿cuando volveré yo a tener el tipo para ponerme eso? Yo tengo que contaros, aquí en petit comité, que guardo alguna de las viejas glorias con la esperanza de volver a entrar en ellas. Cosa que pruebo, infructuosamente, de vez en cuando. ¿Y esa cara perfecta sin ojeras y esos pelos perfectamente peinados nada más levantarse? Bueno, yo creo que los pelos perfectos no los tuve nunca. Ahora vas comparando michelines, celulitis, varices, pechos... y oye, que mal nos tratamos que siempre salimos perdiendo. De hecho yo, en el momento en el que veía la peli estaba, con la bata de andar por casa, esa que te ha regalado tu madre con tanta ilusión, calentita de narices, pero a la que no enseñas ni al cartero cuando llega a horas intempestivas a entregarte un certificado. Los pelos a lo bruja avería (me había hecho una coleta en lo alto de la cocorota hacía unas cuantas horas y me acababa de quitar la goma). Y el tiempo, si el tiempo, ese que está cambiando y que hace que parezca al andar, hasta que caliento el pie con la operación, el pirata cojo del que habla Sabina. A todo esto, repantingada en el sofá al lado de mi costillo. "Tal para cual" que dirían algunos.

Pero chicas os recuerdo unas cuantas cosas:
1.- Que como dice mi madre, viven de eso y no tienen otra cosa que hacer.
2.- Que llevan kilo y medio de maquillaje.
3.- Que sacan sus mejores planos.
4.- Que han pasado por nos cuantos filtros, estilistas, maquilladores y el mejor Photoshop... Y algún cirujano que otro.

Y pese a que las comparaciones son odiosas y para colmo dan que pensar más de lo necesario.. sigo disfrutando con el género. Vamos que tengo que ir a ver "la cruda realidad" aunque solo sea para torturarme al ver a Katherine Heigl y disfrutar y soñar un poco con el protagonista. Porque yo sigo pensando ¿quien no quiere a Gerard Butler a su lado?


Bueno, creo que me evito las presentaciones ¿no?

lunes, 12 de octubre de 2009

EN GREDOS CON PAULA

Hace unos días nos fuimos a gastar nuestro regalito de reyes, una tarjeta para hoteles rusticae. Dado mi estado no podíamos irnos muy lejos, no vaya a ser que nos tocase parir en mitad del camino. Al final optamos por Ávila y la Sierra de Gredos. En concreto Hoyos del Espino. Por cierto, que pueblo tan pequeño, qué cantidad de bares... ¡¡¡y todos llenos!!!

Decidimos hacer una pequeña marcha con Paula siguiendo el río. Objetivo "Las Chorreras". Una inundación de experiencias nuevas para mi gordita: comió moras de las de verdad (y no las gominolas), recogió "tomatitos", cruzó el río por un puente de madera, saltó y se sentó en las rocas, caminó entre vacas y terneritos casi recién nacidos (algunos llevaban colgando todavía el cordón umbilical), sacamos fotos a los caballos y, por fin, llegamos a Las Chorreras.

Escondida tras el árbol


Cruzando el río


Sentadas en las piedras


Los caballos




¡¡¡Por fin Las Chorreras!!!


Mientras papá elegía restaurante vimos como les cambiaban las herraduras a unos caballos y decidíamos cual nos gustaba más.

Al terminar la comida jugó con un saltamontes. Le tocaba con una hojita y la criaturita saltaba... tanto jugó que llegó un momento en el que, no sé si por la confianza en que no le iban a hacer nada o por agotamiento (me inclino por esto último), el pobre se quedaba quieto mientras Paula le hacía camas y casitas con hojas y le acariciaba.

También ese fin de semana, y para finalizar, Paula aprendió a sacar fotos con la cámara de papá:

Los comienzos




Las buenas





Las creativas




¿A que quedan chulas así?

lunes, 5 de octubre de 2009

GRACIAS A TI

Ha muerto una de mis cantantes favoritas, Mercedes Sosa. Pocas personas tocan el alma de los demás cuando cantan como lo hacía ella, con esa voz irrepetible y llena de sentimiento.

Nadie cantará nunca esta canción como ella:



Y otra más: Alfonsina y el mar



Hay personas que no mueren nunca, nos dejan su hermoso legado. Gracias a ti Mercedes.

sábado, 3 de octubre de 2009

CON LAS HORMONAS ALTERADAS

Yo no sé a vosotros, pero a mi hay ciertas preguntas que me sientan a cuerno quemado... o son las hormonas, como dice un amigo (¡que buena excusa para todo!).

En este estadio de mi embarazo son las siguientes:

_ "¿Qué esperas?" "Niño" "¡Qué bien, la parejita, ahora puedes parar!". A ver ¿Quien ha decidido que yo quiero parar o que el objetivo es tener los dos sexos?

_ Mientras comentan lo simpática, lista y guapa que es mi niña no pueden evitar terminar con un: "¡Uy, verás cuando venga el siguiente!¡Verás los celos!". ¿Y quien ha dicho que tenga que tenerlos? ¿Quien es el pitonis@ que sabe que mi niña va a cambiar?

_ Al ver mi barrigota: "¿De cuanto estás? Ya tienes que estar a puntito" "Me quedan dos meses" "¡Madre mía, cómo te vas a poner!". ¡¡¡Que una tiene espejo en su casa!!! ¡¡¡Que la que siente que la barriga le va a estallar y que crece a centímetro por segundo soy yo!!! Les falta decir... ¡¡¡gooorda!!!

_ Al preguntar a Paula por su hermano: "Ahora tienes que cuidar del hermanito.." Porras, que no es su obligación, que es la de sus padres ¡¡¡que solo tiene tres añitos!!!

viernes, 2 de octubre de 2009

EMPEÑADA EN AMARGARME LOS EMBARAZOS

Tengo una tocóloga muy maja. Maja y exhaustiva. Maja y obsesiva.

En el embarazo de Paula le dio porque me tenía que hacer la amniocentesis. Debido a mi negativa, cada vez que consideraba que había alguna "anomalía" en mis resultados, me enviaba a realizar una ecografía de urgencias al Doce de Octubre. Eso si, con la puñalada "cómo no te has querido hacer la amniocentesis.." Vamos, que te quede claro que la culpa no es suya, es tuya por tener en cuenta las estadísticas: la probabilidad de que salga mal la prueba es de un uno por ciento y la probabilidad de que tenga un hijo con problemas de un uno por mil. Eso sin tener en cuenta que solo se detectan dos de esos problemas.

Estaba el otro lado, el tranquilizador, Navarrete y mi padre. Navarrete, porque a pesar de enviarte a alguna prueba extra lo hacía con el siguiente mensaje: "la hago porque la tengo que hacer, porque existe una posibilidad, pero en todos los años que llevo de ginecólogo solo lo he visto en los libros". Mi padre, porque llamó para decirme "hija, no te preocupes, que cada uno evoluciona a un tiempo. ¿No has visto que comienzan con los ojos en el cogote y con pinta de renacuajo?". En ese caso era un riñón más pequeño que el otro.

Al final la niña, perfecta.

En este embarazo lo volvió a intentar con la amnio. Me envió a genética del Doce de Octubre. Allí me dijeron que tenía las mismas probabilidades que cualquiera, que el caso de mi prima, por el cariotipo, había sido al azar. Que si los indicadores no decían lo contrario, estaba descartada la amniocentesis. Mi tocóloga no se quedó muy satisfecha, pero tuvo que aguantarse. ¿Solución? ¡¡¡Tengo que tener el azúcar alto!!!
Vamos, que se empeñó en mandarme la curva larga y pese a que su sustituto me dijo que estaba todo bien, ella me la ha vuelto a mandar. ¿Motivo? Que ella, y solo ella, considera los valores límite más bajos.

Pues lo siento mucho, pero ese día solo me voy sacar sangre en ayunas, porque me tienen que seguir mirando el tiroides. El chute de glucosa se lo pueden tomar ellos y las cuatro horas parada y aburrida lo mismo. Vamos, que no tengo antojos, pero tampoco pienso satisfacer los del resto.

Además ¿a vosotros no os pasa que cando te prohíben algo te dan unas ganas de hacerlo o comerlo o...? ¡¡¡Ese espíritu rebelde!!!.