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jueves, 14 de enero de 2010

LO QUE NO TE CUENTAN EN LAS CLASES DE PREPARACIÓN AL PARTO...

... por lo menos en mi caso:

* El dolor que deja en la espalda la epidural. Es como si un dinosaurio te pisoteara las vértebras cada vez que andas.
* La sensación de tener un enooorme vacío en la tripa y notar como los órganos te bailan mientras se recolocan los primeros días.
* Las varices.
* Los kilos de más. Los míos son producto del turrón de chocolate con toda seguridad ;-) y de los bizcochos que he hecho con mi hija.
* La cuarentena: tendrás que llevar unas compresas de la época prehistórica y lo peor, sin tira adhesiva para sujetarla.
* Las hemorroides. Ese gran desconocido del que nadie habla, pero que según una amiga vienen junto con el bebé y el amor por él en el parto.
* El dolor de la subida de la leche y que te entrará complejo de "Yola Berrocal" al sentir que tus brazos no se pegan al cuerpo porque hay dos inmensos globos que lo impiden. Menos mal que son solo unos dos o tres días...

Pero lo que fijo no te cuentan es que vas a tener el bebé más bonito del mundo y que desde ese mismo instante va a ser lo más importante en tu vida. Os presento a Héctor, mi niño, mi gordito especial:

El día que nació



Con una semanita


A dos días de cumplir el mes

jueves, 17 de diciembre de 2009

HISTORIAS DE LA BARRIGOTA

Ya os conté hace tiempo que me había dado cuenta de la operación de riesgo que suponía la depilación con cuchilla estando embarazada. Pero la verdad es que los cambios físicos te ponen en más de un "aprieto".

Con Paula no me acuerdo de que me limitaran tanto. Puede ser que tuviera menos volumen, aunque yo recuerdo una enoooorme barrigota. Es verdad que con Héctor he cogido más peso, pero la barrigota la veo igual, aunque casi todos los kilos han ido a parar allí. Tendré que buscar fotos para que podáis comparar.

De aquella época me acuerdo que iba a clases de danza del vientre. Me apunté mucho antes y en el embarazo ya estaba en el tercer nivel. Una de las cosas que se hacían eran diagonales con giros. A mi nunca me supusieron un problema, pues en rítmica los hacíamos todos los días. La cosa se complicó cuando comenzó a cambiarme el centro de gravedad día a día. Cuando haces una vida normal el cambio se controla, pero cuando estás dando giros sin parar, se convierte en otra "operación de riesgo". No hacía más que preguntarme ¿En qué momento me caeré al suelo? A si que terminé por hacer "una sentada" cada vez que tocaba ese ejercício. Ni qué deciros lo que se complicaban esos tan sugerentes en los que tenías que meter barriga y sacar barriga, al estilo Shakira... vamos, que en mi estado no había diferencia posible por más que me esforzara.

En este embarazo los cambios me han limitado más, o me he fijado más en ellos. Por ejemplo, os cuento algunos:

* Colgar la ropa. Al principio la barriga no molesta, la cuelgas como si nada. En el segundo trimestre ya te tienes que poner un poco de puntillas, hay que levantar la barriga por encima del poyete. Y al finalizar el tercero, con las dimensiones y la barrigota más baja, tengo que dar una especie de minisalto, acomodar la barriga sobre el poyete y el borde de la ventana y así, intentando no perder el equilibrio ni la postura, tender toda la lavadora.

* Abrocharte los zapatos, en mi caso el nudo de las deportivas. No sé por qué el pie izquierdo me cuesta menos que el derecho, en el que no llego. Bueno, creo saberlo, Héctor está en ese lado y me impide "aplastarle". El caso es que o encuentro un taburete o algo similar donde apoyar el pie para atarme los zapatos o, como lo tenga que hacer sentada, realizo un cruzado mágico de piernas y el nudo me queda un tanto ladeado

* Conducir. Por cierto, siempre con el cinturón para embarazadas, te quita de algunos sustillos. El hecho es que depende del coche. Si hablamos del monovolumen, como los asientos son tipo butaca, ningún problema. Solo que ese es el que se lleva Raúl. Yo me quedo con "el chiquitín", el AX. Ahí la cosa se complica. El espacio es más reducido, el culo baja más y las rodillas las tienes más cerca del pecho, la barriga se comprime y el respirar se dificulta. ¡Y qué deciros de salir del coche! Vamos, que la sensación es similar a la que tendría en circunstancias normales, saliendo de un Maserati. ¡¡¡Estoy pegada al suelo!!! Solo que mi coche no es ni tan bueno, ni tan seguro, ni tan deportivo. Y lo mejor, no se os ocurra nunca, pero nunca, aparcar el coche dejando vuestra puerta bloqueada por un obstáculo (en mi caso había mercadillo y el único hueco que encontré fue pegado al contenedor de papeles, y no conté con el bloqueo, sino habría aparcado de frente, en vez de como lo hice). ¿Os cuento la sensación? ¡La de una ballena en una pecera intentando girarse! Quince minutos para salir por el lado del copiloto. Lo que en otro momento habría sido un paso la pierna, el culo y la otra pierna, aquí se convirtió en un... doblo la pierna derecha ¡no puedo, choco con la barriga! Bueno, pues me inclino un poco hacia la izquierda y saco la pierna. Enseguida doy con mi puerta y la pierna se encuentra con varios obstáculos, el volante, el freno de mano y la palanca de cambios. Tras muchas maniobras ¡operación conseguida! Ahora queda pasar el culo. El espatarre, con este peso y dimensiones es complicado. Y cuando se trata de traer la otra pierna... casi prefiero abrir la puerta del copiloto y caer por mi propio peso hacia la calle. Mientras lo hacía, me vino a la cabeza aquella canción de los inhumanos "Qué dificil es hacer el amor en un simca 1000" y pensé, "pues menos mal que no han visto esto".

Para todos aquellos que no se acuerden de la canción, que nunca la hayan oído, que quieran rememorar otras épocas, y para terminar con un toque de humor, os dejo el vídeo de la canción:

sábado, 3 de octubre de 2009

CON LAS HORMONAS ALTERADAS

Yo no sé a vosotros, pero a mi hay ciertas preguntas que me sientan a cuerno quemado... o son las hormonas, como dice un amigo (¡que buena excusa para todo!).

En este estadio de mi embarazo son las siguientes:

_ "¿Qué esperas?" "Niño" "¡Qué bien, la parejita, ahora puedes parar!". A ver ¿Quien ha decidido que yo quiero parar o que el objetivo es tener los dos sexos?

_ Mientras comentan lo simpática, lista y guapa que es mi niña no pueden evitar terminar con un: "¡Uy, verás cuando venga el siguiente!¡Verás los celos!". ¿Y quien ha dicho que tenga que tenerlos? ¿Quien es el pitonis@ que sabe que mi niña va a cambiar?

_ Al ver mi barrigota: "¿De cuanto estás? Ya tienes que estar a puntito" "Me quedan dos meses" "¡Madre mía, cómo te vas a poner!". ¡¡¡Que una tiene espejo en su casa!!! ¡¡¡Que la que siente que la barriga le va a estallar y que crece a centímetro por segundo soy yo!!! Les falta decir... ¡¡¡gooorda!!!

_ Al preguntar a Paula por su hermano: "Ahora tienes que cuidar del hermanito.." Porras, que no es su obligación, que es la de sus padres ¡¡¡que solo tiene tres añitos!!!

viernes, 2 de octubre de 2009

EMPEÑADA EN AMARGARME LOS EMBARAZOS

Tengo una tocóloga muy maja. Maja y exhaustiva. Maja y obsesiva.

En el embarazo de Paula le dio porque me tenía que hacer la amniocentesis. Debido a mi negativa, cada vez que consideraba que había alguna "anomalía" en mis resultados, me enviaba a realizar una ecografía de urgencias al Doce de Octubre. Eso si, con la puñalada "cómo no te has querido hacer la amniocentesis.." Vamos, que te quede claro que la culpa no es suya, es tuya por tener en cuenta las estadísticas: la probabilidad de que salga mal la prueba es de un uno por ciento y la probabilidad de que tenga un hijo con problemas de un uno por mil. Eso sin tener en cuenta que solo se detectan dos de esos problemas.

Estaba el otro lado, el tranquilizador, Navarrete y mi padre. Navarrete, porque a pesar de enviarte a alguna prueba extra lo hacía con el siguiente mensaje: "la hago porque la tengo que hacer, porque existe una posibilidad, pero en todos los años que llevo de ginecólogo solo lo he visto en los libros". Mi padre, porque llamó para decirme "hija, no te preocupes, que cada uno evoluciona a un tiempo. ¿No has visto que comienzan con los ojos en el cogote y con pinta de renacuajo?". En ese caso era un riñón más pequeño que el otro.

Al final la niña, perfecta.

En este embarazo lo volvió a intentar con la amnio. Me envió a genética del Doce de Octubre. Allí me dijeron que tenía las mismas probabilidades que cualquiera, que el caso de mi prima, por el cariotipo, había sido al azar. Que si los indicadores no decían lo contrario, estaba descartada la amniocentesis. Mi tocóloga no se quedó muy satisfecha, pero tuvo que aguantarse. ¿Solución? ¡¡¡Tengo que tener el azúcar alto!!!
Vamos, que se empeñó en mandarme la curva larga y pese a que su sustituto me dijo que estaba todo bien, ella me la ha vuelto a mandar. ¿Motivo? Que ella, y solo ella, considera los valores límite más bajos.

Pues lo siento mucho, pero ese día solo me voy sacar sangre en ayunas, porque me tienen que seguir mirando el tiroides. El chute de glucosa se lo pueden tomar ellos y las cuatro horas parada y aburrida lo mismo. Vamos, que no tengo antojos, pero tampoco pienso satisfacer los del resto.

Además ¿a vosotros no os pasa que cando te prohíben algo te dan unas ganas de hacerlo o comerlo o...? ¡¡¡Ese espíritu rebelde!!!.

viernes, 11 de septiembre de 2009

COMO UN COLADOR... Y MULTICOLOR

Así tengo mis brazos después de que el lunes 31 me hicieran la prueba de la curva de glucosa.

Este año las vacaciones han venido condicionadas por las citas médicas. ¡Y no son pocas! Más, si tenemos en cuenta de que llevo el embarazo por la seguridad social y por el médico privado. El primero por inercia, el segundo porque me da seguridad (el médico en si, no porque sea de pago). Menos mal que esta vez, Navarrete, el médico de la aseguradora, no me repite las pruebas que ya me hacen por otro lado y solo le tengo que llevar los resultados. No obstante, los tiempos en los que se realizan las pruebas están muy claritos y, en principio, creo que no se pueden saltar. Total, que entre playa y playa ha tocado pasar unas largas esperas en el centro de salud.

En Julio tocaba la ecografía del segundo trimestre y citas varias con matrona y tocóloga. La ecografía siempre es agradable. Me encanta ver su carita, su cuerpecito... además, o la aparatología ha mejorado de mi primer embarazo al segundo, o estoy más preparada para ver lo que me muestran en pantalla. Esta eco tiene el aliciente, para quien lo quiera averiguar, de que te dicen el sexo del bebé. ¡¡¡Un machote!!! Y ahora lo digo con alegría, pero tengo que reconocer que lo primero que hice al salir de la consulta fue ponerme a llorar a moco tendido. Y no porque sienta que le vaya a querer menos ni nada por el estilo, más bien es la desilusión de querer otra niña y que no haya sido así.

En Agosto, la prueba de la glucosa o test de O`Sullivan. Esta es otro cantar. Vas en ayunas, citada a las 08.00h de la mañana (hora que si en algo agradezco es por el análisis de orina, desde las seis de la mañana ando despierta esperando que suene el despertador y poder ir al baño). Una vez allí pides la vez, y por si las moscas el expendedor de numeritos que hay en la pared es para ti, coges uno. Al rato sale una enfermera para decirte que tienes que entregar las muestras de orina en otro sitio y que lo tienes que hacer primero. Allá que vamos una caravana de embarazadas con nuestros trofeos en mano. Cuando la auxiliar se digna a atendernos, es para decirnos que las embarazadas tenemos que ir primero a otra ventanilla, coger la etiquetas y con ellas volver allí... pero que abren a las ocho y media. Y entonces es cuando no puedes evitar preguntarte ¿y para qué narices me han citado a las ocho?

Hecho todo, nos toca esperar obediéntemente en la sala de espera a que nos llamen. Mientras nos damos cuenta de que el numerito es para los que van por el sintrom. Unos lo guardamos y otros lo tiran. Sale la enfermera y grita tu nombre. Pones el brazo, te pinchan y te dan un botecito de glucosa: "Cuando salgas, te lo tomas en cinco minutos". Siguiente pregunta, una, que se lo cuestiona todo, ¿Cuando salga tengo que esperar cinco minutos antes de empezar a tomármelo o me lo tengo que tomar a lo largo de cinco minutos? Veo que cada una hace una cosa, o sea, que opto por el "justo medio", espero un poco y luego me lo tomo en cinco minutitos. Ahora toca aguantar sentada, durante una hora, sin beber, pasear o fumar (esto último no me cuesta) y sin vomitar el potingue, que sino la prueba no vale y te la tienen que repetir. Mientras, para pasar el tiempo, sudokus, libros, revistas y lo mejor, observar las tribus urbanas del centro de salud: llega un señor mayor, con su bastoncillo, poniendo a parir a la enfermera porque se han acabado los numeritos. Ésta sale a por otro rollo. Cuando vuelve comienza a repartir, pregunta por el señor y ha desaparecido. Al rato está de nuevo el señor en la puerta. Dice que le toca. Otro anciano le dice "¿y cómo es posible?, yo estaba aquí antes que usted y, además, no tenía número." El primero responde que si, y saca y grita su número. Yo miro el mío, todavía guardado en la carpeta, es el siguiente número al del anciano. ¡¡¡El buen hombre había cogido del suelo el número que tiró una embarazada porque no nos servía!!! Y lo sé porque yo repartí los números a las que estábamos allí.

Suena la alarma del móvil. Ya toca ir al segundo pinchazo. Lo bueno es que por hoy ya hemos terminado, ahora solo queda esperar los resultados.

Martes 25 de Agosto, ha pasado una semana y miro en la agenda a ver a qué hora me toca ir el jueves a recoger los resultados en la tocóloga. ¿El jueves? ¿Dé dónde he sacado yo eso? ¡¡¡Me tocaba hoy!!! Sudores fríos hasta que me digo, mañana mismo me presento a primera hora en la consulta a ver si me puede atender. Dicho y... ¿hecho? ¡¡¡Los que tenéis niños sabéis lo difícil que es llegar a la hora que tenías pensada a un sitio!!! Pero lo conseguimos. Y nos atendieron: "menos mal que has venido hoy y no ayer, porque acaban de llegar tus resultados". No, si al final es que mi subconsciente me dijo que ir para "ná" era tontería. A partir de ahí. Que si he engordado mucho, que si me ha dado la prueba un resultado alto y tengo que hacer la curva larga, que si... Al final puedo meter baza y comento que estoy muy, muy cansada, que me ahogo con hacer una cama y que no me parece normal. "Si, tienes un poco de anemia, te voy a mandar hierro". Insisto: "¿Y ya que me hacen otra analítica, no le importaría hacerme una prueba de hormonas? Con Paula me dió hipotiroidismo y aquí no lo hemos seguido controlando" "Lo voy a mandar también". Y a la enfermera: "anota, analítica con orina" "¿Y sedimentación?" "No, esa ya se ha hecho, orina y dale la dieta". Me reiteran que estoy gorda, para animar el alma y el espíritu y que salga de buen humor de la consulta, y me citan para septiembre con su compañero, porque ella está de vacaciones. Me dirijo a la puerta con los papeles en la mano y pregunto si me tengo que llevar los tubos para la orina. "¿Orina? No, si es analítica solamente" " Es que me ha parecido oir que también tenía orina" "No, no, no." Pongo cara rara y abro la puerta... "¡espera, es verdad, te he pedido orina!" Cuando ya estamos mi pitufa y yo en la puerta del centro de salud, nos damos la vuelta, ¡no me han dado la famosa e importante dieta! ¡¡¡En qué manos estoy!!!

Dos días más tarde, la matrona. Debo de ser masoca, porque vuelvo a aguantar lo de que si he engordado mucho, que si tengo que tener cuidado con la comida, que si... vamos, que una es consciente que en el veranito no ha controlado mucho la alimentación ¡pero solo he cogido 8 kilos en siete meses y si el tope de azucar era 140, he dado 143! ¡¡¡Que me ponen como una terrorista de la comida!!! Lo peor, me ha llegado la cita de la curva larga, el lunes. Tengo que hacer dieta desde este mismo día (viernes 28 de Agosto) y mañana nos vamos a la Warner con la gordita. La dieta, fácil donde las haya, que si 20 gr de pan, 200 de judías verdes, 150 de filete... ¡¡¡si no tengo peso en casa!!! Solución, al tuntún, intentando seguirla más o menos. Vamos, que en la Warner no me pasé, pero en la cena mi marido, solidario donde los haya, propone ir de tapitas a San Martín de la Vega. Después de las judías y el filete una se pimpló 3 croquetas ¡¡¡que no soy de piedra!!! ¡¡¡Demasiado que pude resistirme a las patatitas ali-oli!!!

Llega el tan esperado y temido lunes. Primero por la prueba de orina. Una, meona donde las haya, aguantando estoicamente toda la noche a que llegue la hora donde poder desahogarse. Segundo por el remordimiento de conciencia. ¿Tendría que haber hecho mejor la dieta? El caso es que dependiendo de con quien hablara le habían dado dieta o no, por lo que tan importante no debía de ser. Tercero, si ya fue pesada una hora ¿qué va a ser con las mínimo 3 horas que dura esta prueba? Por si las moscas una va cargada con libros (dos por si me aburro de uno poder cambiar la temática), sudokus, DS y un par de revistas de esas que solo compras para estos casos, por lo menos yo (belleza, moda, etc..). Esta vez ya sé el orden de los "elementos" y realizo el papeleo como una auténtica experta. Espero la llamada y cuando esta se produce ofrezco mi brazo izquierdo para la tortura. Esta vez, cuando me dan el botecito, solicito me aclaren lo de los cinco minutos. "Pues si que lo debemos decir mal, mucha gente nos lo pregunta, no te lo bebas de golpe, sino en unos 5 o 10 minutos para que no te siente mal". Y yo pienso. Si lo pregunta más gente ¿por qué no lo explican bien desde un primer momento? Esta vez paso por mareos, sin llegar a vomitar, bajón de tensión, malestar... pero poco a poco va pasando. Lo peor, no me dejan beber ni agua y esa glucosa me demanda a gritos unos centilitros de tan estimado líquido.

Con todo el "ocio" que llevo es imposible aburrirse. No obstante, lo mejor sigue siendo el observar. No lo puedo evitar, una es de natural cotilla, me pasa lo mismo en el metro. Esta vez lo que me llama la atención es otra embarazada. Llega poniendo el grito en el cielo porque no le habían dicho que tenía que hacerse una prueba de orina y por lo tanto no llevaba las muestras. "No pasa nada, le damos un botecito y nos lo trae ahora". Una vez lo entrega, le pinchan, le dan la glucosa y a esperar. En esto suena su teléfono. Comienza contando a su interlocutor, y a toda la sala, lo que ha pasado con su preciado pis. Se termina el bote, se levanta para tirarlo y mientras dice "menos mal que me has llamado, así se me pasa antes el tiempo". Seguidamente sale a la calle a pasear mientras charla. Yo me pregunté seriamente si no le dijeron lo de la orina, si no se enteró, o si se enteró pero hizo caso omiso, igual que estaba haciendo con lo de que no se puede andar. No se por qué, me inclino por la última opción. La otra fue una chinita, que según me contaron unos señores del sintrom, salieron a buscarla porque debía de haberse hecho la segunda analítica hacía hora y media. La pobre había entendido mal lo del tiempo. Ella interpretó que a cada 5 minutos debía de darle un sorbito al bote (¿veis como se explican mal?). La lástima es que tendrán que repetirle la prueba otro día.

Por mi parte, en la segunda analítica me tuvieron que pinchar en el mismo brazo. no encontraban la vena en el derecho. En la tercera se esforzaron un poco más y me pincharon el derecho, para volver al izquierdo en el cuarto. "No te preocupes, es solo un pinchazo". Eso es lo que te dicen, pero se les olvida añadir:"uno detrás de otro". Al terminar, las recomendaciones: "Puedes comer, pero no dulce". Hombre, lo de comer se agradece, más si tienes en cuenta que era más de la una de la tarde. Lo del dulce ¿quien diablos pensaba en el dulce? ¡¡¡Yo soñaba con bocatas de jamón, de jamón serrano, del bueno, del de pata negra. De ese que no puedo probar hasta que de a luz por culpa de la toxoplasmosis!!!

Salí muerta de hambre a por mi gordita. En el super que hay bajo la casa de mis padres me compré los ingredientes para un bocata de jamón... de york, me tenía que conformar con el otro. Mi hermana ya se había ido a trabajar y la peque estaba con la vecina, "Super J". Al entrar y ver lo que llevaba, super J me ofrece cocidito. ¡¡¡Me supo a gloria!!! La sopita, los garbanzos, el relleno.. ¿Lo saboreais? Porque yo ya estoy salivando de nuevo. ¡¡¡Ese cocidito me devolvió el color a la cara!!!

Hace dos días fui de nuevo a la tocóloga. Estaba el sustituto. Me pregunta si tengo que recoger resultados, le digo que si y abro la carpeta para sacar el resguardo. Mientras los busca la enfermera, él agarra mi carpeta y diciendo "las ecografías", saca el informe de la matrona. Coño, que yo no agarro sus papeles y los toqueteo y manejo como si fueran míos. Le llamo la atención discretamente. "Esas no son las ecografías, eso es de la matrona". ¿Le importó? Vamos, que hizo el mismo caso que la embarazada que salió a darse unos paseitos. Al final tenía el informe de la matrona, las ecografías y todo desperdigado por la mesa. "La analítica da bien, solo hay un resultado mal, ten cuidado con la glucosa" "¿Y la T4?" "Un poco baja, pero no pasa nada" "Es que con mi hija me dió hipotiroidismo" "Ah, entonces si, porque esto baja más a medida que avanza el embarazo". A cuadros. Vamos que buscan lo que a ellos les interesa y lo demás no importa, por mucho que tengan fluorescentes los datos. Luego, al repasar la analítica, me doy cuenta de que todos los resultados están bien, la única que está mal es la primera, la del azucar en ayunas, y ni siquiera está alta, sino baja. Vamos, que les ha dado por amargarme el embarazo.

A ver qué se cuentan en la preparación al parto, que eso seguro que me da mucho que hablar.

Entre medias el privado. Un encanto, caso omiso al peso. Me dice que tenga cuidado con el dulce, pero alucina de que por ese resultado me hayan mandado la curva larga. No obstante, que le tenga al día con lo que me salga en esta última. Y la ecografía 4D. Con Paula nos llevamos una decepción, acabábamos de ver el documental del Natioal Geographic y pensábamos ver lo mismo. ¡Ilusos! Pero lo que si tengo muy claro es que mi gordito va a tener lo mismo que mi gordita. Aquí fué un poco más decepcionante porque estaba completamente dado la vuelta, mirando a mi espalda. Con la cabeza baja, la barbilla pegada al pecho y las manitas delante de la cara. ¡¡¡Hasta que pudimos verle!!! Ahora no me arrepiento. Me encanta. Me recuerda a Paula y su carita, lo que me hace pensar si es sugestión o eso que se dice, "que todos los bebés se parecen".

viernes, 24 de julio de 2009

EMBARAZADAS

Ayer iba andando por la calle y me di cuenta de que hay una serie de tics que repetimos las embarazadas inconscientemente:

1.- Tocarnos la barriga. Es instintivo ¿Protector? ¿Placentero? Yo diría que más bien es la unión de las dos. Es un intento de proteger el "envase" donde se está gestando nuestra querida criatura, pero además se une el placer de mantener contacto con ella. Más que acariciarnos la barriga acariciamos a nuestro bebé. Le hablamos e incluso, podría añadir, que jugamos con él. Yo, por lo menos, me acuerdo de jugar con Paula. Ella me daba pataditas y yo le devolvía toquecitos con mis dedos. Así podíamos pasar un buen rato.

2.- Las manos en jarras. No es chulería ¡¡¡es dolor de riñones!!! Dios, las lumbares. En mi primer embarazo tenía más dolor de ciática, lumbago. Ahora es el pie malo, obviamente el sobrepeso no le beneficia nada a mi pie roto y restaurado, y la ciática. El dolor de lumbares no es lumbago en este caso, o al menos no lo asocio a ello. Es más bien postural y me afecta más al lado izquierdo. De hecho, me duele a rabiar en el transporte, coche, autobús y menos mal que no he probado el avión, con sus largas esperas además del trayecto. Y el llamado "burrito de San Fernando" (para los que no lo sepan: unas veces a pie y otras andando), ahí también me machaca el dolor de riñones.

3.- El andar mostrando orgullosas las barrigas, que no responde a otra cosa que al intentar mantener nuestro centro de gravedad que día a día va cambiando. En mi caso vertiginosamente ¡¡¡qué barriga!!! Recuerdo, en el embarazo de Paula, que estaba recibiendo clases de danza del vientre. Una vez me quedé embarazada y esa pelota estomacal comenzó a crecer y crecer, el hacer giros resultaba altamente peligroso. No obstante reconozco que yo si estoy enormemente orgullosa de mi barrigota y de mi estado y lo luzco alegremente. De hecho, me encanta ponerme cosas ceñidas que lo hagan más evidente si cabe.

4.- El "espatarre". Este viene a ocurrir básicamente al final del embarazo, cuando el bebé comienza a encajarse, preparándose para su futura expulsión. Yo creo que ya ando espatarrada y eso que me queda bastante para el final. ¿Es este embarazo tan diferente al anterior? Mi bebé no está encajado ni en broma ¡¡¡Total no salta!!!

Por todo esto y mucho más, que seguro que no se me ha ocurrido, aún no entiendo como la gente evita mirarte en el metro, el autobús y luego, si te sientes con el valor de decir algo, responden con un "es que no sabía si estabas gordita o embarazada". Vamos, que hay signos que son obvios y no creo que pasen desapercibidos tan fácilmente. Por otro lado me niego a pensar que estamos rodeados de maleducados y desconsiderados, que te arrean codazos y empujones con tal de "pillar" un asiento antes que tu. Más bien prefiero pensar que estamos rodeados de analfabetos, y de los gordos, de los que no saben ni leer los pictogramas tan claros que se encuentran en los cristales del transporte público.