viernes, 2 de octubre de 2009

EMPEÑADA EN AMARGARME LOS EMBARAZOS

Tengo una tocóloga muy maja. Maja y exhaustiva. Maja y obsesiva.

En el embarazo de Paula le dio porque me tenía que hacer la amniocentesis. Debido a mi negativa, cada vez que consideraba que había alguna "anomalía" en mis resultados, me enviaba a realizar una ecografía de urgencias al Doce de Octubre. Eso si, con la puñalada "cómo no te has querido hacer la amniocentesis.." Vamos, que te quede claro que la culpa no es suya, es tuya por tener en cuenta las estadísticas: la probabilidad de que salga mal la prueba es de un uno por ciento y la probabilidad de que tenga un hijo con problemas de un uno por mil. Eso sin tener en cuenta que solo se detectan dos de esos problemas.

Estaba el otro lado, el tranquilizador, Navarrete y mi padre. Navarrete, porque a pesar de enviarte a alguna prueba extra lo hacía con el siguiente mensaje: "la hago porque la tengo que hacer, porque existe una posibilidad, pero en todos los años que llevo de ginecólogo solo lo he visto en los libros". Mi padre, porque llamó para decirme "hija, no te preocupes, que cada uno evoluciona a un tiempo. ¿No has visto que comienzan con los ojos en el cogote y con pinta de renacuajo?". En ese caso era un riñón más pequeño que el otro.

Al final la niña, perfecta.

En este embarazo lo volvió a intentar con la amnio. Me envió a genética del Doce de Octubre. Allí me dijeron que tenía las mismas probabilidades que cualquiera, que el caso de mi prima, por el cariotipo, había sido al azar. Que si los indicadores no decían lo contrario, estaba descartada la amniocentesis. Mi tocóloga no se quedó muy satisfecha, pero tuvo que aguantarse. ¿Solución? ¡¡¡Tengo que tener el azúcar alto!!!
Vamos, que se empeñó en mandarme la curva larga y pese a que su sustituto me dijo que estaba todo bien, ella me la ha vuelto a mandar. ¿Motivo? Que ella, y solo ella, considera los valores límite más bajos.

Pues lo siento mucho, pero ese día solo me voy sacar sangre en ayunas, porque me tienen que seguir mirando el tiroides. El chute de glucosa se lo pueden tomar ellos y las cuatro horas parada y aburrida lo mismo. Vamos, que no tengo antojos, pero tampoco pienso satisfacer los del resto.

Además ¿a vosotros no os pasa que cando te prohíben algo te dan unas ganas de hacerlo o comerlo o...? ¡¡¡Ese espíritu rebelde!!!.

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