* El dolor que deja en la espalda la epidural. Es como si un dinosaurio te pisoteara las vértebras cada vez que andas. * La sensación de tener un enooorme vacío en la tripa y notar como los órganos te bailan mientras se recolocan los primeros días. * Las varices. * Los kilos de más. Los míos son producto del turrón de chocolate con toda seguridad ;-) y de los bizcochos que he hecho con mi hija. * La cuarentena: tendrás que llevar unas compresas de la época prehistórica y lo peor, sin tira adhesiva para sujetarla. * Las hemorroides. Ese gran desconocido del que nadie habla, pero que según una amiga vienen junto con el bebé y el amor por él en el parto. * El dolor de la subida de la leche y que te entrará complejo de "Yola Berrocal" al sentir que tus brazos no se pegan al cuerpo porque hay dos inmensos globos que lo impiden. Menos mal que son solo unos dos o tres días...
Pero lo que fijo no te cuentan es que vas a tener el bebé más bonito del mundo y que desde ese mismo instante va a ser lo más importante en tu vida. Os presento a Héctor, mi niño, mi gordito especial:
Desde hace poco más de un mes somos uno más en la familia. Por fin mi gordito decidió salir para que le disfrutemos y le hagamos feliz.
Pero eso no es todo, con Héctor han llegado de nuevo las preguntas, las recomendaciones y las críticas a nuestro modo de hacer las cosas. Es curioso, además, cómo todo el mundo pregunta y responde lo mismo y por partida doble, porque ya lo hicieron con Paula.
¿Es bueno? Si. Me dan ganas de añadir ¿Qué niño no es bueno, y más si hablamos de recién nacidos? Sus siguientes preguntas me contestan ¿Te deja dormir? ¿No llora? Si, me deja dormir y no, no llora, en cuanto lo hace le cojo y se calma. Eso no es bueno. ¿Y quien lo dice? Para mi hijo es genial, deja de llorar y de sufrir. ¿Y cuando va a dejar Paula de tomar el pecho? O lo que es peor, se lo dicen a ella añadiendo comentarios como que ya es mayor, que hay que dejar a su hermanito, etc.
Esta vez no pienso hacer referencia a ningún artículo, estudio, etc. que justifique mi modo de actuar y de hacer las cosas con mis hijos. Que los hay a montones, es cierto, pero estoy convencida que aquel al que le interese ya investigará por su cuenta del mismo modo que lo hice yo. Voy a contar mis razones, sin "evidencias científicas" como dicen en mi casa para tomarme el pelo, de las críticas más comunes: tener todo el día en brazos a mis hijos, no dejarles llorar, colecho y lactancia (sobretodo la prolongada con Paula y ahora el tandem).
* No le dejo llorar porque le veo sufrir. ¿Cómo voy a consentir que sufran los seres que más quiero? ¿Cómo cuando calmarlos y hacerles felices me resulta tan sencillo? ¿Cómo cuando piden tan poco: comer, dormir y MAMÁ?
* Le tengo en brazos porque no hay cosa que más me guste. Sentir su calor, su cuerpecito, comérmele a besos, enamorarme cada vez más de su preciosa carita y quedarme las horas muertas mirándole. Disfrutar de sus gestos, de sus ruiditos. Sentir como sus manitas agarran mis dedos... Porque una sonrisa suya me quita todos los males y no quiero perderme ninguna.
* Duermo con ellos por lo mismo que lo anterior. Porque además sé que están bien, que si me necesitan estoy a su lado. Si tienen fiebre lo noto en sus manitas cuando me agarran. Si les despierta una pesadilla inmediatamente me notan a su lado acariciándoles y sabiendo que estoy ahí. Me encanta dormirme con el "mamá te quiero" de Paula, mientras me da un beso y me abraza o me pide que le de la mano, y despertarme viendo sus caritas relajadas.
* El pecho o "la tetita" que dice Paula. Porque es lo mejor, porque no me cuesta nada, porque es alimento, cercanía. ¡Porque quiero y son mis tetas!
Ya os conté hace tiempo que me había dado cuenta de la operación de riesgo que suponía la depilación con cuchilla estando embarazada. Pero la verdad es que los cambios físicos te ponen en más de un "aprieto".
Con Paula no me acuerdo de que me limitaran tanto. Puede ser que tuviera menos volumen, aunque yo recuerdo una enoooorme barrigota. Es verdad que con Héctor he cogido más peso, pero la barrigota la veo igual, aunque casi todos los kilos han ido a parar allí. Tendré que buscar fotos para que podáis comparar.
De aquella época me acuerdo que iba a clases de danza del vientre. Me apunté mucho antes y en el embarazo ya estaba en el tercer nivel. Una de las cosas que se hacían eran diagonales con giros. A mi nunca me supusieron un problema, pues en rítmica los hacíamos todos los días. La cosa se complicó cuando comenzó a cambiarme el centro de gravedad día a día. Cuando haces una vida normal el cambio se controla, pero cuando estás dando giros sin parar, se convierte en otra "operación de riesgo". No hacía más que preguntarme ¿En qué momento me caeré al suelo? A si que terminé por hacer "una sentada" cada vez que tocaba ese ejercício. Ni qué deciros lo que se complicaban esos tan sugerentes en los que tenías que meter barriga y sacar barriga, al estilo Shakira... vamos, que en mi estado no había diferencia posible por más que me esforzara.
En este embarazo los cambios me han limitado más, o me he fijado más en ellos. Por ejemplo, os cuento algunos:
* Colgar la ropa. Al principio la barriga no molesta, la cuelgas como si nada. En el segundo trimestre ya te tienes que poner un poco de puntillas, hay que levantar la barriga por encima del poyete. Y al finalizar el tercero, con las dimensiones y la barrigota más baja, tengo que dar una especie de minisalto, acomodar la barriga sobre el poyete y el borde de la ventana y así, intentando no perder el equilibrio ni la postura, tender toda la lavadora.
* Abrocharte los zapatos, en mi caso el nudo de las deportivas. No sé por qué el pie izquierdo me cuesta menos que el derecho, en el que no llego. Bueno, creo saberlo, Héctor está en ese lado y me impide "aplastarle". El caso es que o encuentro un taburete o algo similar donde apoyar el pie para atarme los zapatos o, como lo tenga que hacer sentada, realizo un cruzado mágico de piernas y el nudo me queda un tanto ladeado
* Conducir. Por cierto, siempre con el cinturón para embarazadas, te quita de algunos sustillos. El hecho es que depende del coche. Si hablamos del monovolumen, como los asientos son tipo butaca, ningún problema. Solo que ese es el que se lleva Raúl. Yo me quedo con "el chiquitín", el AX. Ahí la cosa se complica. El espacio es más reducido, el culo baja más y las rodillas las tienes más cerca del pecho, la barriga se comprime y el respirar se dificulta. ¡Y qué deciros de salir del coche! Vamos, que la sensación es similar a la que tendría en circunstancias normales, saliendo de un Maserati. ¡¡¡Estoy pegada al suelo!!! Solo que mi coche no es ni tan bueno, ni tan seguro, ni tan deportivo. Y lo mejor, no se os ocurra nunca, pero nunca, aparcar el coche dejando vuestra puerta bloqueada por un obstáculo (en mi caso había mercadillo y el único hueco que encontré fue pegado al contenedor de papeles, y no conté con el bloqueo, sino habría aparcado de frente, en vez de como lo hice). ¿Os cuento la sensación? ¡La de una ballena en una pecera intentando girarse! Quince minutos para salir por el lado del copiloto. Lo que en otro momento habría sido un paso la pierna, el culo y la otra pierna, aquí se convirtió en un... doblo la pierna derecha ¡no puedo, choco con la barriga! Bueno, pues me inclino un poco hacia la izquierda y saco la pierna. Enseguida doy con mi puerta y la pierna se encuentra con varios obstáculos, el volante, el freno de mano y la palanca de cambios. Tras muchas maniobras ¡operación conseguida! Ahora queda pasar el culo. El espatarre, con este peso y dimensiones es complicado. Y cuando se trata de traer la otra pierna... casi prefiero abrir la puerta del copiloto y caer por mi propio peso hacia la calle. Mientras lo hacía, me vino a la cabeza aquella canción de los inhumanos "Qué dificil es hacer el amor en un simca 1000" y pensé, "pues menos mal que no han visto esto".
Para todos aquellos que no se acuerden de la canción, que nunca la hayan oído, que quieran rememorar otras épocas, y para terminar con un toque de humor, os dejo el vídeo de la canción:
Como dice mi hija Paula, si queréis hacer un regalo "diferente" a los amantes de los perros, os invito a pasaros por el Hotel T3 Tirol, desde mañana día 17 por la tarde, hasta el domingo 20. Una muestra de lo que os encontrareis:
También podéis pasaros por su web: www.cesarspetlosophy.com
EL PAÍS SEMANAL del día 15 de Noviembre estuvo dedicado a los 20 años de la Convención de los Derechos del Niño, contando 20 historias de 20 países diferentes. Allí encontré este artículo.
REPORTAJE NIÑOS DEL MUNDO: SENEGAL
CANGUROS PARA BEBÉS DE UN KILO
Hay sitios en los que incluso una incubadora para salvar a los prematuros es un lujo. Como Dakar. Pero ante la adversidad, espíritu positivo. El doctor Ousmane Ndiaye aplica el método Canguro para sacar adelante a cientos de minibebés. Tan natural como eficaz.
Llega Fatou con un ratoncito sobre su pecho. Y luego Ndiye, de 23 años, con otro pequeñín, piel contra piel. Y después Aïssatou, guapísima, con un resplandeciente vestido rojo estampado con grandes flores, llevando a una criatura de diminutas manitas. Y finalmente, Nogaye, con otro minúsculo bebé entre su pecho y su colorista ropa de color azul eléctrico. Van pasando por el hospital municipal Abass Ndao y por el centro de salud Rey Balduino, ambos en Dakar, la populosa, desbaratada, pero seductora capital de Senegal.
Son todas madres con bebés prematuros. La niñita de Fatou se llama Mariétou, tiene 10 días y pesa sólo 1,100 kilos. La de Ndiye se llama Marie Gueye, tiene 15 días y pesa 1,400 kilos. Aïssatou Ndiaye tiene 24 años y tres hijos; la última, Mbéne, es una pequeñina de un mes y cuatro días y pesa 1,350 kilos. La hijita de Nogaye Gukou se llama Penda, tiene un mes y 17 días y pesa solamente 1,150 kilos; la mamá ha cumplido 17 años.
Todas han pasado por la consulta del profesor Ousmane Ndiaye, jefe del servicio de Pediatría del centro Abass Ndao, que decidió aplicar hace 11 años el método Canguro, importado de Colombia, donde comenzó a emplearse en los años setenta para sacar adelante a los bebés prematuros, ante la falta de medios e incubadoras en el país para atender a tanta mamá angustiada.
El método es muy sencillo, se basa en lo que ideó la naturaleza para los marsupiales: los recién nacidos completan su desarrollo fuera del útero, agarrados a las glándulas mamarias, protegidos del exterior en una bolsa; así, los minibebés humanos han de estar en contacto con el cuerpo de la madre o del padre, en el pecho, la zona más acogedora, las 24 horas del día y de la noche, hasta que ganen peso. Se aplica a criaturitas que nacen con menos de dos kilos; y se sigue el método Canguro hasta que alcancen los tres kilos.
El doctor explica que ese contacto permanente con un cuerpo transmite calor, seguridad, confianza al bebé; no se trata sólo de la temperatura, sino también de sentir tan íntimamente el latido del corazón y el ritmo de la respiración; tratamiento natural que se completa con la lactancia materna. "Los progenitores les dan calor, energía, afecto", explica el doctor, "y está comprobado que crecen más sanos, y psicológicamente más equilibrados... Y sin gasto alguno". "En el proyecto piloto que realizamos tras mi regreso de Colombia, de los 112 niños a los que aplicamos el método entre 1998 y 2005, sólo uno murió". Ousmane presentó el proyecto a Unicef, que ha decidido seguirlo, avalarlo y monitorizarlo desde el pasado enero. "Es pura naturaleza. Con unos resultados extraordinarios". De hecho, en países como España y Francia también se está extendiendo este sistema de incubadoras naturales. Naturaleza hasta cierto punto, porque, matiza Ousmane, "el programa incluye que la madre venga a consulta una vez a la semana; además, hacemos un seguimiento de la salud del niño hasta que cumpla cinco años".
Basta ver al rollizo Amadou, de dos años, que nació con sólo 900 gramos, para comprobar que el proyecto funciona. O al gordito Abdoul Aziz, que con cinco meses ya pesa 6,7 kilos, cuando nació con menos de dos.
Todas las madres acuden confiadas y muy arregladas a la consulta en el hospital. Conseguimos reunir a siete de ellas para las sesiones con Isabel Muñoz, que, hipnotizada con sus largos cuellos, enormes ojos, impecables vestidos, no duda en disparar miles de veces su cámara durante dos días.
Cuando le preguntamos a Nogaye, que se casó con sólo 16 años, cuántos hijos le gustaría tener, contesta sonriente: "No depende de mí. Los que Dios decida". ¿Es feliz, le falta algo? "Si encontrara un trabajo sería más feliz". ¿Su sueño? "Poder ayudar siempre a mis padres". ¿La persona a la que más admira? "Mi madre". ¿Qué mensaje enviaría desde El País Semanal a los niños del mundo? "Me gustaría que tuvieran una vida larga para que ayuden a sus padres cuando sean mayores".
Rafael Ruiz
Artículo 24 de la Convención sobre los Derechos del Niño Niños y niñas disfrutarán del más alto nivel posible de salud y del acceso a servicios para el tratamiento de las enfermedades. Los Estados adoptarán medidas para reducir la mortalidad infantil
Para ver el original: http://www.elpais.com/articulo/portada/Canguros/bebes/kilo/elpepusoceps/20091115elpepspor_11/Tes