viernes, 18 de septiembre de 2009

DE COMPRAS

Hay dos días en los que no se debe ir de compras:

1.- Ese día en el que te ves fantástica. Todo te lo pruebas y todo te sienta bien. ¿Qué escoges? ¡¡¡Tooooodo!!! Y a fundir la tarjeta. Un mal día, hay que ser más moderado. Al final el armario acaba lleno de cosas que quizá no te pongas.

2.- El opuesto. Te ves fea, despeinada, gorda. "Esto me iría mejor a la cara con una capa de maquillaje que disimulara esta cara de muerta". Ese día también es malo. Como en el primer caso te lo pruebas todo, la diferencia es que no te gustas con nada. Mal día también. La cuenta corriente se queda intacta, pero tu autoestima por los suelos.

Puede ocurrir una tercera opción, la mía. Tengo hoy cena celebrando mi cumple. Me llevan a un sitio chulo (sorpresa por supuesto) y no tengo nada que ponerme. Bueno, nada que considere aceptable para tal evento. Solo una cosa, un vestido negro, pero está para lavar. Total, disponibilidad cero.

Salgo de compras. Mi idea, o un vestido o unos pantalones de vestir que me pueda poner con un jersey muy chulo negro que no he estrenado. No discrimino en tiendas, me valen todas. Desde las más baratas, Kiabi, H&M, hasta las más caras, Prenatal, El Corte Inglés... Como ya he dicho antes, me he probado de todo. Que si esto me hace mucha tripa (normal, estás embarazada), que si este me hace muy gorda (¿es que no te das cuenta de que estás embarazada? Hija, es lo que tiene, que una coge peso y, para colmo, en el tercer trimestre ya, se ensancha). Resultado: la autoestima por los suelos, una ciática del copón del palizón a andar, agacharme, levantarme, etc. que me he dado y, para más inri, la visa fundida, porque algo tenía que llevarme ¡que me voy de cena!

Y digo yo ¿Por qué no me habré quedado en casita, aprovechando ese tiempo en una buenísima siesta que falta me hace? Así, habría ido con la cara monísima de lo descansadita, habría tenido tiempo para darme una relajante ducha y terminar con un repaso de maquillaje (que con lo poco que me pinto he perdido práctica), la cuenta estupenda de la muerte, ¿y la ropa? El fabuloso y sexy jersey negro con unos vaqueros ¡¡¡Y que me diga algo el del restaurante pijo!!!

Ahora os dejo a ver si consigo hacer todo lo de último párrafo, pero en tiempo record. Eso si, la ropita espero que sea de las últimas compras, más que nada por el esfuerzo.

viernes, 11 de septiembre de 2009

COMO UN COLADOR... Y MULTICOLOR

Así tengo mis brazos después de que el lunes 31 me hicieran la prueba de la curva de glucosa.

Este año las vacaciones han venido condicionadas por las citas médicas. ¡Y no son pocas! Más, si tenemos en cuenta de que llevo el embarazo por la seguridad social y por el médico privado. El primero por inercia, el segundo porque me da seguridad (el médico en si, no porque sea de pago). Menos mal que esta vez, Navarrete, el médico de la aseguradora, no me repite las pruebas que ya me hacen por otro lado y solo le tengo que llevar los resultados. No obstante, los tiempos en los que se realizan las pruebas están muy claritos y, en principio, creo que no se pueden saltar. Total, que entre playa y playa ha tocado pasar unas largas esperas en el centro de salud.

En Julio tocaba la ecografía del segundo trimestre y citas varias con matrona y tocóloga. La ecografía siempre es agradable. Me encanta ver su carita, su cuerpecito... además, o la aparatología ha mejorado de mi primer embarazo al segundo, o estoy más preparada para ver lo que me muestran en pantalla. Esta eco tiene el aliciente, para quien lo quiera averiguar, de que te dicen el sexo del bebé. ¡¡¡Un machote!!! Y ahora lo digo con alegría, pero tengo que reconocer que lo primero que hice al salir de la consulta fue ponerme a llorar a moco tendido. Y no porque sienta que le vaya a querer menos ni nada por el estilo, más bien es la desilusión de querer otra niña y que no haya sido así.

En Agosto, la prueba de la glucosa o test de O`Sullivan. Esta es otro cantar. Vas en ayunas, citada a las 08.00h de la mañana (hora que si en algo agradezco es por el análisis de orina, desde las seis de la mañana ando despierta esperando que suene el despertador y poder ir al baño). Una vez allí pides la vez, y por si las moscas el expendedor de numeritos que hay en la pared es para ti, coges uno. Al rato sale una enfermera para decirte que tienes que entregar las muestras de orina en otro sitio y que lo tienes que hacer primero. Allá que vamos una caravana de embarazadas con nuestros trofeos en mano. Cuando la auxiliar se digna a atendernos, es para decirnos que las embarazadas tenemos que ir primero a otra ventanilla, coger la etiquetas y con ellas volver allí... pero que abren a las ocho y media. Y entonces es cuando no puedes evitar preguntarte ¿y para qué narices me han citado a las ocho?

Hecho todo, nos toca esperar obediéntemente en la sala de espera a que nos llamen. Mientras nos damos cuenta de que el numerito es para los que van por el sintrom. Unos lo guardamos y otros lo tiran. Sale la enfermera y grita tu nombre. Pones el brazo, te pinchan y te dan un botecito de glucosa: "Cuando salgas, te lo tomas en cinco minutos". Siguiente pregunta, una, que se lo cuestiona todo, ¿Cuando salga tengo que esperar cinco minutos antes de empezar a tomármelo o me lo tengo que tomar a lo largo de cinco minutos? Veo que cada una hace una cosa, o sea, que opto por el "justo medio", espero un poco y luego me lo tomo en cinco minutitos. Ahora toca aguantar sentada, durante una hora, sin beber, pasear o fumar (esto último no me cuesta) y sin vomitar el potingue, que sino la prueba no vale y te la tienen que repetir. Mientras, para pasar el tiempo, sudokus, libros, revistas y lo mejor, observar las tribus urbanas del centro de salud: llega un señor mayor, con su bastoncillo, poniendo a parir a la enfermera porque se han acabado los numeritos. Ésta sale a por otro rollo. Cuando vuelve comienza a repartir, pregunta por el señor y ha desaparecido. Al rato está de nuevo el señor en la puerta. Dice que le toca. Otro anciano le dice "¿y cómo es posible?, yo estaba aquí antes que usted y, además, no tenía número." El primero responde que si, y saca y grita su número. Yo miro el mío, todavía guardado en la carpeta, es el siguiente número al del anciano. ¡¡¡El buen hombre había cogido del suelo el número que tiró una embarazada porque no nos servía!!! Y lo sé porque yo repartí los números a las que estábamos allí.

Suena la alarma del móvil. Ya toca ir al segundo pinchazo. Lo bueno es que por hoy ya hemos terminado, ahora solo queda esperar los resultados.

Martes 25 de Agosto, ha pasado una semana y miro en la agenda a ver a qué hora me toca ir el jueves a recoger los resultados en la tocóloga. ¿El jueves? ¿Dé dónde he sacado yo eso? ¡¡¡Me tocaba hoy!!! Sudores fríos hasta que me digo, mañana mismo me presento a primera hora en la consulta a ver si me puede atender. Dicho y... ¿hecho? ¡¡¡Los que tenéis niños sabéis lo difícil que es llegar a la hora que tenías pensada a un sitio!!! Pero lo conseguimos. Y nos atendieron: "menos mal que has venido hoy y no ayer, porque acaban de llegar tus resultados". No, si al final es que mi subconsciente me dijo que ir para "ná" era tontería. A partir de ahí. Que si he engordado mucho, que si me ha dado la prueba un resultado alto y tengo que hacer la curva larga, que si... Al final puedo meter baza y comento que estoy muy, muy cansada, que me ahogo con hacer una cama y que no me parece normal. "Si, tienes un poco de anemia, te voy a mandar hierro". Insisto: "¿Y ya que me hacen otra analítica, no le importaría hacerme una prueba de hormonas? Con Paula me dió hipotiroidismo y aquí no lo hemos seguido controlando" "Lo voy a mandar también". Y a la enfermera: "anota, analítica con orina" "¿Y sedimentación?" "No, esa ya se ha hecho, orina y dale la dieta". Me reiteran que estoy gorda, para animar el alma y el espíritu y que salga de buen humor de la consulta, y me citan para septiembre con su compañero, porque ella está de vacaciones. Me dirijo a la puerta con los papeles en la mano y pregunto si me tengo que llevar los tubos para la orina. "¿Orina? No, si es analítica solamente" " Es que me ha parecido oir que también tenía orina" "No, no, no." Pongo cara rara y abro la puerta... "¡espera, es verdad, te he pedido orina!" Cuando ya estamos mi pitufa y yo en la puerta del centro de salud, nos damos la vuelta, ¡no me han dado la famosa e importante dieta! ¡¡¡En qué manos estoy!!!

Dos días más tarde, la matrona. Debo de ser masoca, porque vuelvo a aguantar lo de que si he engordado mucho, que si tengo que tener cuidado con la comida, que si... vamos, que una es consciente que en el veranito no ha controlado mucho la alimentación ¡pero solo he cogido 8 kilos en siete meses y si el tope de azucar era 140, he dado 143! ¡¡¡Que me ponen como una terrorista de la comida!!! Lo peor, me ha llegado la cita de la curva larga, el lunes. Tengo que hacer dieta desde este mismo día (viernes 28 de Agosto) y mañana nos vamos a la Warner con la gordita. La dieta, fácil donde las haya, que si 20 gr de pan, 200 de judías verdes, 150 de filete... ¡¡¡si no tengo peso en casa!!! Solución, al tuntún, intentando seguirla más o menos. Vamos, que en la Warner no me pasé, pero en la cena mi marido, solidario donde los haya, propone ir de tapitas a San Martín de la Vega. Después de las judías y el filete una se pimpló 3 croquetas ¡¡¡que no soy de piedra!!! ¡¡¡Demasiado que pude resistirme a las patatitas ali-oli!!!

Llega el tan esperado y temido lunes. Primero por la prueba de orina. Una, meona donde las haya, aguantando estoicamente toda la noche a que llegue la hora donde poder desahogarse. Segundo por el remordimiento de conciencia. ¿Tendría que haber hecho mejor la dieta? El caso es que dependiendo de con quien hablara le habían dado dieta o no, por lo que tan importante no debía de ser. Tercero, si ya fue pesada una hora ¿qué va a ser con las mínimo 3 horas que dura esta prueba? Por si las moscas una va cargada con libros (dos por si me aburro de uno poder cambiar la temática), sudokus, DS y un par de revistas de esas que solo compras para estos casos, por lo menos yo (belleza, moda, etc..). Esta vez ya sé el orden de los "elementos" y realizo el papeleo como una auténtica experta. Espero la llamada y cuando esta se produce ofrezco mi brazo izquierdo para la tortura. Esta vez, cuando me dan el botecito, solicito me aclaren lo de los cinco minutos. "Pues si que lo debemos decir mal, mucha gente nos lo pregunta, no te lo bebas de golpe, sino en unos 5 o 10 minutos para que no te siente mal". Y yo pienso. Si lo pregunta más gente ¿por qué no lo explican bien desde un primer momento? Esta vez paso por mareos, sin llegar a vomitar, bajón de tensión, malestar... pero poco a poco va pasando. Lo peor, no me dejan beber ni agua y esa glucosa me demanda a gritos unos centilitros de tan estimado líquido.

Con todo el "ocio" que llevo es imposible aburrirse. No obstante, lo mejor sigue siendo el observar. No lo puedo evitar, una es de natural cotilla, me pasa lo mismo en el metro. Esta vez lo que me llama la atención es otra embarazada. Llega poniendo el grito en el cielo porque no le habían dicho que tenía que hacerse una prueba de orina y por lo tanto no llevaba las muestras. "No pasa nada, le damos un botecito y nos lo trae ahora". Una vez lo entrega, le pinchan, le dan la glucosa y a esperar. En esto suena su teléfono. Comienza contando a su interlocutor, y a toda la sala, lo que ha pasado con su preciado pis. Se termina el bote, se levanta para tirarlo y mientras dice "menos mal que me has llamado, así se me pasa antes el tiempo". Seguidamente sale a la calle a pasear mientras charla. Yo me pregunté seriamente si no le dijeron lo de la orina, si no se enteró, o si se enteró pero hizo caso omiso, igual que estaba haciendo con lo de que no se puede andar. No se por qué, me inclino por la última opción. La otra fue una chinita, que según me contaron unos señores del sintrom, salieron a buscarla porque debía de haberse hecho la segunda analítica hacía hora y media. La pobre había entendido mal lo del tiempo. Ella interpretó que a cada 5 minutos debía de darle un sorbito al bote (¿veis como se explican mal?). La lástima es que tendrán que repetirle la prueba otro día.

Por mi parte, en la segunda analítica me tuvieron que pinchar en el mismo brazo. no encontraban la vena en el derecho. En la tercera se esforzaron un poco más y me pincharon el derecho, para volver al izquierdo en el cuarto. "No te preocupes, es solo un pinchazo". Eso es lo que te dicen, pero se les olvida añadir:"uno detrás de otro". Al terminar, las recomendaciones: "Puedes comer, pero no dulce". Hombre, lo de comer se agradece, más si tienes en cuenta que era más de la una de la tarde. Lo del dulce ¿quien diablos pensaba en el dulce? ¡¡¡Yo soñaba con bocatas de jamón, de jamón serrano, del bueno, del de pata negra. De ese que no puedo probar hasta que de a luz por culpa de la toxoplasmosis!!!

Salí muerta de hambre a por mi gordita. En el super que hay bajo la casa de mis padres me compré los ingredientes para un bocata de jamón... de york, me tenía que conformar con el otro. Mi hermana ya se había ido a trabajar y la peque estaba con la vecina, "Super J". Al entrar y ver lo que llevaba, super J me ofrece cocidito. ¡¡¡Me supo a gloria!!! La sopita, los garbanzos, el relleno.. ¿Lo saboreais? Porque yo ya estoy salivando de nuevo. ¡¡¡Ese cocidito me devolvió el color a la cara!!!

Hace dos días fui de nuevo a la tocóloga. Estaba el sustituto. Me pregunta si tengo que recoger resultados, le digo que si y abro la carpeta para sacar el resguardo. Mientras los busca la enfermera, él agarra mi carpeta y diciendo "las ecografías", saca el informe de la matrona. Coño, que yo no agarro sus papeles y los toqueteo y manejo como si fueran míos. Le llamo la atención discretamente. "Esas no son las ecografías, eso es de la matrona". ¿Le importó? Vamos, que hizo el mismo caso que la embarazada que salió a darse unos paseitos. Al final tenía el informe de la matrona, las ecografías y todo desperdigado por la mesa. "La analítica da bien, solo hay un resultado mal, ten cuidado con la glucosa" "¿Y la T4?" "Un poco baja, pero no pasa nada" "Es que con mi hija me dió hipotiroidismo" "Ah, entonces si, porque esto baja más a medida que avanza el embarazo". A cuadros. Vamos que buscan lo que a ellos les interesa y lo demás no importa, por mucho que tengan fluorescentes los datos. Luego, al repasar la analítica, me doy cuenta de que todos los resultados están bien, la única que está mal es la primera, la del azucar en ayunas, y ni siquiera está alta, sino baja. Vamos, que les ha dado por amargarme el embarazo.

A ver qué se cuentan en la preparación al parto, que eso seguro que me da mucho que hablar.

Entre medias el privado. Un encanto, caso omiso al peso. Me dice que tenga cuidado con el dulce, pero alucina de que por ese resultado me hayan mandado la curva larga. No obstante, que le tenga al día con lo que me salga en esta última. Y la ecografía 4D. Con Paula nos llevamos una decepción, acabábamos de ver el documental del Natioal Geographic y pensábamos ver lo mismo. ¡Ilusos! Pero lo que si tengo muy claro es que mi gordito va a tener lo mismo que mi gordita. Aquí fué un poco más decepcionante porque estaba completamente dado la vuelta, mirando a mi espalda. Con la cabeza baja, la barbilla pegada al pecho y las manitas delante de la cara. ¡¡¡Hasta que pudimos verle!!! Ahora no me arrepiento. Me encanta. Me recuerda a Paula y su carita, lo que me hace pensar si es sugestión o eso que se dice, "que todos los bebés se parecen".

jueves, 10 de septiembre de 2009

JUEGO SIMBÓLICO

Todos hemos jugado alguna vez a ser médicos, maestros, policías, padres. En fin, nuestros héroes de la infancia. Yo, por lo menos, no le daba mucha importancia hasta que he visto a mi hija.

Desde bien pequeña representa perfectamente los personajes. Si un día va al médico, lo siguiente que hace es curar a sus muñecos. Si me acompaña al veterinario, enseguida llega a casa y es "Carolina" salvando a sus animalitos. Si vamos a la peluquería, se convierte en Santi y nos "arregla" a todos en la casa el pelo. Pero su mayor referencia, no nos engañemos, somos sus padres. Así cocina, besa a sus muñecos, les da tetita...

Gracias a esa capacidad de reproducir las situaciones diarias, nos dimos cuenta de que algo iba mal en la guardería. Castigaba a sus muñecos, les chillaba, y cuando le preguntabas por qué lo hacía contestaba "es que se ha portado mal, se ha levantado" o algo parecido. Algunas madres lo comentamos y todas habíamos notado ese cambio de actitud. La profesora había cambiado y el trato no era el mismo, algo evidente.

Aunque tienen un carácter propio, son "personitas" como se define mi hija, no podemos negar que somos su referencia. Somos su mayor ídolo y su ejemplo a seguir. Si les observamos podemos darnos cuenta de lo que estamos haciendo bien o mal.

Ayer me di cuenta de que hay algo que debo cambiar.

Siempre he sabido que era mal hablada, pero no le he dado importancia, o por lo menos no la suficiente, hasta que he tenido un hijo. Mis reiterados tacos, unidos a su fantástica memoria y a su facilidad de imitación son una bomba mal sonante. Y no digo que los que me rodean no digan nada que mi hija no pueda captar, pero si que no les va a influir tanto.

Tenía consulta médica y como no quedaba muy claro el horario de la cita y no quería tener a Paula mucho tiempo aburrida en la sala de espera, se quedó con mi hermana y con mi madre. Cuando vuelvo a recogerla me dice mi hermana: "lleva toda la mañana con la palabra cabronas". Y yo, pues no sé de quien lo habrá oído. ¿Que no lo sé? ¡¡¡Si me paso el día diciendo a las perras cuando hacen alguna trastada, "serán cabronas"!!! Pues efectivamente, fue su palabra favorita durante toda la mañana. Salimos a la calle y yo, toda orgullosa de mi niña, diciéndole, "princesa párate en ese árbol" o "tesoro ven por aquí" y mi gordi, que es un solete, haciendo caso... pero de repente, delante de los abuelitos que nos miran con cariño, nos suelta: "¡Cabronas, esperad!". ¡¡¡Pero si mi princesa se parece más a Shrek que a Blancanieves!!!

Hoy vamos al garage a por el coche. Ella montadita en su moto. Entra en el ascensor, se da un golpe contra la pared del fondo y suelta "¡Me cago en su padre"! Yo, blanca, intentando no darle importancia para ver si se le olvida, pero cuando salimos a la calle sigue diciendo "¡me cago en su padre, este timbre no funciona (el de la moto)!". También me considero culpable de ese improperio. Seguimos andando y grita "¡gilipollas!" y hasta que no estamos en el coche la retaila no cambia a "¡Gilipollas!, mamá he dicho gilipollas, pita". Entonces yo identifico el momento, dos días antes llevando a mi hermana al trabajo un camión me pita porque reduzco hasta la velocidad que me marca la señal de tráfico y no le sienta bien, me pita. Al rato me adelanta, teniendo que cruzar dos carriles ya que el coche del carril de al lado ha pensado lo mismo que yo, no voy a pagar una multa por exceso de velocidad. Al ponerse a nuestra altura nos pita de nuevo. Yo suelto "¡será gilipollas!" y le devuelvo la pitada.

Esto me recuerda a la anécdota que me comentaba una amiga hace unos días. LLevando su marido al peque en el coche, un mercedes les hace una pirula y dice "¿ese del mercedes es un g¡lipollas!". Al día siguiente un mercedes les adelanta y el niño le dice (con dos añitos) "¡papá, ese de la estrella es un gilipollas!". Lo dicho, tenemos que tener cuidado con lo que decimos, yo, desde luego y... ¿no os ha llamado la atención que no solo se quedara con el insulto, sino también con la marca del coche?

Objetivo: morderme la lengua para que mi niña no tenga el mismo vocabulario que un camionero... o su madre.

domingo, 30 de agosto de 2009

MILLENNIUM


Me gusta leer, me encanta, pero tengo que reconocer que desde bien pequeña me dejaba guiar por el diseño de la portada y por el título. Luego me leo la contraportada a ver si puede seguir interesándome. Eso es lo que ha hecho que no me atrayera en absoluto esta trilogía. Su deprimente portada hacía que me echara para atrás. Fueron las recomendaciones y el tener la certeza de que este verano me tocaría ver la peli (mi costillo lo pronosticaba), lo que hizo que me decidiera. Comencé a buscarlos por las librerías, eso sí, con el firme propopósito de encuadernarlos a mi gusto... aunque eso signifique dejarme los dedos cosiéndoles.

Soy de las pocas personas que conozco a las que no apasionó la primera entrega, "Los hombres que no amaban a las mujeres". No es que no me gustara, es que al terminar tenía la impresión de haberlos leído mejores. El segundo me atrajo mucho más, me encantó, y el tercero, aún con sus partes un poco pesadas, me ha dejado con ganas de un cuarto.

Ahora, en la distancia, tengo que reconocer que me gustaron todos mucho más de lo que supuse en un primer momento. Es más, que me siguen dando qué pensar.

Hablando del primer libro, lo que más me ha interesado son los 3 planteamientos morales que comentan los dos protagonistas, así como sus distintos puntos de vista.

Aún sin haberlo leído los podéis contestar y os aseguro que no destrozo tampoco nada del mismo:

1.- ¿Está por encima el derecho a la intimidad de una persona, aún si descubres que es un ladrón, asesino, pederasta...? Hablamos de que lo descubres de forma no "legal"
2.- ¿Hasta qué punto la educación que recibe una persona es la única responsable de sus actos? ¿Tenemos siempre capacidad de elección y de rebelarnos?
3.- ¿Es culpable una víctima, que no denuncia y no hace nada, de lo que su "torturador" siga haciendo con otras personas?

Para los que han leído los libros, decir que yo, excepto matices, me acerco más a la opinión de Lisbeth Salander. Y hablando de ella, es lo que peor he visto en la adaptación que han hecho para la película, su personaje.


Foto obtenida de http://carteles.metropoliglobal.com/wp/los-hombres-que-no-amaban-a-las-mujeres-millennium-i/

La película tiene, como todas, sus pegas. La primera que tu imaginación es distinta a la del director. La segunda que en los libros tan densos siempre hay que eliminar cosas. No obstante, me parece una adaptación bastante buena y que no pierde la esencia del libro.

Os animo a enviciaros con las páginas escritas por Stieg Larsson y, a los que no tengan muchas ganas, a acercaros a los cines, que ya deben quedar pocos en los que la proyecten.

Os pongo un par de páginas donde poder buscar información:
http://www.serielarsson.com/index.php
http://www.loshombresquenoamabanalasmujeres.es/

Para terminar, os adelanto que habría disfrutado de lo lindo hace unos meses teniendo la habilidad de la protagonista, ser una prestigiosa hacker.

lunes, 24 de agosto de 2009

RISAS PASADAS POR AGUA

Este sábado, ya en Madrid, celebramos el cumple de Paula. En su día hicimos una minifiesta con su amiguita de la playa, Lucía, y una parte de los abuelos. Esta vez fue la mulitudinaria que solemos hacer con los amigos y familiares que pueden venir.

La verdad es que a pesar de ser una fecha tan mala, el grupo suele salir numeroso.

Para los que no fueron, aquí les pongo un resumen para desatar envidias. ¡Lástima que no tenga fotos de todo lo que os cuento!

Comenzamos el jaleillo a eso de la una, cuando vino el cocinero, mi tío Carlos. A unos cuantos de los que llegaron después les tocó hacer de "pinches". ¡¡¡Vaya paellita rica que nos comimos!!! (de esto no tengo fotos, pero os la imagináis).

Para sobrellevar "la caló", los peques se metieron en la piscina... ¿solo los peques? Alguien más se animó.





Para los mayores nos tenían preparado otro "remojo" diferente... desde las pistolas de agua, pasando por las mangueras, los cubazos y los "piscinazos". Al final, menos dos o tres desafortunados que siguieron sufriendo este insoportable calor estival, el resto terminamos bien pasaditos por agua.

Los Instigadores





El cazador "cazado"


Los primeros remojados


Los que pensaban que se quedarían como meros espectadores



Luego cama elástica para los peques, tarta con velitas, piñata... y para los que aguantaron (pocos fueron los campeones, la verdad), cenita de barbacoa y horno de leña.





Para no romper la tradición sobró un montón de comida.

Por cierto, tengo que decir que fui una de las remojadas. No respetaron ni el hecho de ser anfitriona, ni reportera, ni de tener barrigota. ¡¡¡Habrase visto!!!

viernes, 14 de agosto de 2009

TERCER ANIVERSARIO DE MI GORDITA-BRUJITA

Hoy mi gordita cumple 3 añazos... ¡¡¡Cuanto ha crecido!!!

Me acuerdo del día que nació. Esa hermosa sensación al ponerme a mi princesa sobre el pecho y la cara de su padre cuando, una vez cortado el cordón, la cogió mientras me cosían la episotomía. Creo que esa imagen la tengo grabada en el cerebro a fuego.

No sé cómo decirle que ella es el mejor regalo. Que es mi niña. Que la quiero con el alma. Que hace que me sienta cada día más orgullosa de ser su madre. No sé si es consciente de que me derrito cada vez que me dice: "Mamá, ¿sabes una cosa? ¡Te quiero mucho!". O cuando coge mi cara con sus manitas y me da besos. O cuando responde al decirle que es la niña más bonita del mundo con un: "¡Tú si que eres bonita!" o un "¡tú eres la preciosa!" Y si le discuto y le digo que no, que esa es ella, se enfada. Y cuando no dice nada y únicamente me sonríe.

Me encanta mirarla cuando duerme. Ver sus facciones, para mi perfectas. Disfrutar con ella cuando canta, baila, o simplemente cuando hacemos algo juntas y se "parte de risa" como dice entre carcajada y carcajada.

Alucinar de sus rapidísimos avances. Pensar lo deprisa que ha crecido, alegrarme por ello y, a la vez, sentir una tristeza interior por la sensación de que estoy perdiendo a mi niña. Creo que es el miedo a lo desconocido, a que el futuro sea distinto. Y sé que eso no significa que tenga que ser peor, solo distinto. Pero el miedo está ahí.

Mi brujita preciosa cumple tres años y ya la estamos haciendo grande. Que si el cole de los mayores. Que si ya es mayor y no puede llorar, ni hacerse pipí. Que si va a tener un hermanito y le tiene que cuidar y ayudarme. Y lo siento, para mi sigue siendo mi niña. Sigue siendo un bebé, grande, pero un bebé. No tiene que cuidar a nadie, somos sus padres los que tenemos que cuidarles a los dos. No tiene que ayudarme, ni crecer de golpe. Tiene que jugar, seguir siendo niña, disfrutar con su hermano y desarrollarse a su ritmo.

No pienso que sea mala por pillar una rabieta, ni por contradecirme, ni que ha aprendido mucho y me torea. Si acaso me arrepiento de no haber sabido responder siempre a sus necesidades como merecía, y de haber hecho más caso al resto de la gente que a mis sentimientos, intuición o a ella misma. Estoy aprendiendo. No tan rápido como quisiera, pero lo hago. No es que antes no tuviera claro qué es lo verdaderamente importante, es que cada vez lo defiendo mejor.

A veces me canso, me desespero, pierdo la paciencia y deseo como una loca tener un momento de libertad. A veces me ocurre y cuando consigo ese famoso "espacio" comienzo a echarla de menos y a envidiar a todo aquel que esté compartiendo esos minutos con ella.

Mi princesa cumple tres años y me la voy a comer a besos. Mi tesoro sigue creciendo y los que estamos a su alrededor crecemos con ella. ¡¡¡Gracias gordita!!!

sábado, 8 de agosto de 2009

TRES AÑOS DE LACTANCIA MATERNA


Paula y "una parte de mi".

Dentro de poco mi gordita y yo cumpliremos los tres años de lactancia.

Antes de tenerla en mis brazos nunca pensé que llegaríamos a tanto. Bueno, si he de ser sincera, cuando la tuve tampoco lo pensé. E incluso ahora, embarazada, cuando pienso en el dolor de mis pezones en algunos momentos, no sé cómo lo hemos conseguido. Siempre he dicho que Paula ha mamado por cabezonería... ¿habrá salido a sus padres?

Los comienzos. Hospital Doce de Octubre.
Con el parto no os vuelvo a aburrir, ya os he contado bastante... y ya os tocará leerme más. La lactancia fue el mismo cantar. Lo primero, todo el mundo te dice que le des el pecho y tú estás convencida de que es lo mejor y que es lo que quieres hacer. Es lo natural ¿no? ¿Natural? ¿Y si es así por qué Paula no se engacha? Solución, consulta a las enfermeras. ¡¡¡Quien me mandaría!!! Los remedios, despertarle dando tobitas en los pies y cuando llore a rabiar le metes la teta en la boca. Si, si, como lo leéis, ahí le enchufas la teta, que entre hipo e hipo lo mismo traga algo. Como a malas soluciones peores remedios, a la enana le dio ictericia y se la llevaron a dar "rayitos UVA". Muy morena no salió, pero si con unos cuantos biberones que le endiñaron sin avisar y sin permiso.

Continuamos. Llegada a casa.
La enana y yo seguimos sin acoplarnos a esto de la lactancia. Ella con su hambre y yo con mi dolor de pezones (¡Ay si hubiera sabido antes lo que sé ahora!). Las mismas técnicas aprendidas en el hospital que gracias a Dios fuimos ignorando. Grietas en las que te cabe la uña entera (y por aquel entonces las llevaba largas). El enganche era un suplicio, además de que lo más suave que salía por mi boca, para descargar el dolor, eran piropos del tipo "tacos gordos" dirigidos a mi pitufina. Lo bueno es que quedaba claro que Paula comía, engordaba 500-700 gramos de media a la semana. ¿La solución a mis grietas? Estar como la Venus de Milo, todo el día con las tetas al aire. ¿Me imaginais? Desnuda de cintura para arriba, solo con las tiras del sujetador de lactancia. Vamos que me pensé mucho acercarme a "Mundo Mágico" en Atocha y comprármelo de cuero. Por lo menos estaría sexy y no ridícula. Si ya le añado el látigo... lo más (bueno, digo yo, porque nunca lo he probado).

En este tiempo pensé en dejarlo unas cuantas veces e incluso gritar del dolor diciendo que era imposible que mi lechoncito tuviera hambre. Esta última parte me la recuerda mi madre cuando digo que lo dejaremos cuando las dos implicadas estemos de acuerdo.

El pediatra o cómo joder la lactancia.
¿Qué por qué? Por sus malos consejos. Aunque tengo que decir que fueron sus incongruencias las que nos llevaron por el buen camino. A los dos meses: "Uf, esta niña engorda mucho, vaya leche que tienes. Has de darle solo 10 minutos de cada pecho y deja mínimo 3 horas entre tomas, pero nunca más de 4". Y mi pregunta: "¿pero la lactancia no tiene que ser a demanda?" "pues eso, entre 3 y 4 horas". ¡¡¡Joder con la demanda!!! Le hice caso en los 10 minutos, pero no en lo otro, y me dio por informarme más. En la siguiente visita al pediatra me comenta que ya no engorda tanto y que le tengo que meter cereales. "¿Pero la OMS no dice que hay que dar el pecho exclusivo durante los 6 primeros meses?" Y ahí vino la respuesta inteligente: "Eso lo dicen unos cuantos que odian las frutas y las verduras". ¡¡¡Menos mal que soltó eso!!! Me hizo salir escopetada a buscar información capacitada, los grupos de apoyo a la lactancia, en mi caso La Liga de La Leche. Conseguí información veraz, apoyo de otras madres y padres que han pasado por lo mismo, no sentirme un bicho raro y soluciones.

Como anécdotas os puedo contar que realmente parecía la Central Lechera Asturiana. Si no mamaba Paula, aprovechaba para sacarme leche y tener para que mi gordita comiera de lo mejor cuando tuviera que incorporarme al trabajo. Tenía dos cajones del congelador lleno de tarros. Aún así, mi gordo me llamó la única vez que salí, en la cena de navidad de la empresa, porque la pitufa tenía hambre. ¿Hambre? ¡Cómo es posible! ¡¡¡Pero si tiene reserva por si nos tenemos que esconder en un bunquer hasta que pase el Diluvio Universal!!!

A los 4 meses comenzaron los estiramientos de "pectorales". El mundo es muy interesante y Paula decidía investigarlo mientras estaba enganchada. ¡¡¡Cómo puede darse tanto de si!!! Vamos, que si llega a ser chicle, yo creo que hace hasta pompas. De ahí salió mi undécimo mandamiento: "no maltratarás la teta que te da de comer". Pero obviamente mi gordita y yo teníamos distinta opinión de lo que era ese maltrato.

Mi abuela, la abanderada de la lactancia materna, que no paraba de decirme que solo le tenía que dar el pecho, en el momento que pasé del año no para de decirme lo contrario. ¿Motivo? Que ella lo máximo que dio fue un año y claro, eso es lo bueno.

Pese a todo lo que os cuento, tengo que decir que disfruto y he disfrutado mucho con la lactancia. La cara de mi niña, mirándote con esos ojos mientras mama, o cuando te sonreía. El paso de no saber dar el pecho si no estaba desnuda de cintura para arriba, a poderlo dar casi con cualquier cosa. De darme vergüenza sacar la teta para que mi niña comiese, a sacarla en cualquier sitio porque mi niña tiene hambre, o sed, o simplemente le apetece. El preguntarle una vez que ya sabe hablar ¿te gusta la tetita? ¿a qué sabe? Y ella, entre chupada y chupada te contesta "a leche con galletas, a tortilla, a chocolate, a..." Que te mire desnuda y diga "¿puedo tocarlas?" "las tetitas, qué boniiiiiiitas". Vamos, que lo que me queda claro es que mi gordita, de saber, me diría, como Krahe: "Olé, tus tetas".

No obstante, en algunos momentos, me dan ganas de reivindicar la libertad e independencia de mis tetas y supongo que ahora, cuando tenga a los dos, más. Pero sé que esos momentos van a durar lo que tarde en ver sus caritas de felicidad mientras llenan sus estómagos y sus corazones.

A todas las mamás que siguen dando el pecho, a las que lo dieron, a las que se lo fastidiaron, a las que no quisieron, porque también tienen sus razones, a mis amig@s de Criar con el Corazón por estar siempre ahí, pese a que yo aparezca y desaparezca como el Guadiana, a todos los que nos rodean y han aprendido a respetar nuestra decisión. En fin, a todos mis gorditos y gordita, y a mi gordita más especial, mi enana, que me enseña día a día con esa sabiduría innata e inocente que tienen los niños de la vida.