La verdad es que cada vez me sorprende más como los niños derrumban las torres enormes de estereotipos que hemos ido creando a lo largo de los años.
A Hector, desde que empezó a demostrar interés por algún juguete, le chiflan las pelotas, son su pasión. Pero tengo que añadir que también le encantan los carritos de muñecas, los bebés-muñecos de su hermana, que se pone más y mejor que cualquiera de nosotras las diademas que andan por casa, que si le dejas una pulsera no la pierde y últimamente le apasiona que su hermana le pinte las uñas
